
LO
QUE CUENTA LA HISTORIA
Domingo
de Ramos
Jueves Santo
Viernes Santo
Sábado Santo
Domingo de Resurrección
Domingo
de Ramos
Pocos
días faltaban para la celebración de
la Pascua Judía, (es una fiesta en que el pueblo
de Israel recuerda su salida de la esclavitud de Egipto
y guiados por Moisés marchan por el desierto
en busca de la tierra prometida). Entonces Jesús
camina con sus discípulos hacia Jerusalén,
ciudad en la que entra montado en un burro. Como el
pueblo estaba de fiesta, había mucha gente
en las calles, que comenzó a cortar ramas de
los olivos y a colocarse alrededor de Jesús
para aclamarlo: "¡Bendito el que viene
en nombre del Señor!", le decían.
Cristo con sus discípulos entró en el
templo y luego se retiró a un pueblo cercano.
En tanto, los sumos sacerdotes y jefes del pueblo
se reunieron en secreto para deshacerse de Jesús,
pero querían hacerlo sin que el pueblo se enterara.
Entonces llegó Judas, uno de los seguidores
de Jesús y les dijo: "¿Cuánto
dinero me daréis si os lo entrego?". Los
jefes se alegraron y le prometieron 30 monedas de
plata. Desde ese instante Judas buscó el momento
de entregarlo.

Jueves
Santo
La última
cena
Al jueves siguiente, el Jueves Santo, Jesús
envió a sus discípulos a preparar
la cena de Pascua. Cuando estaban reunidos, les
dijo: "Os aseguro que uno de vosotros me va
a traicionar". Se trataba de Judas, que ya
tenía todo planificado en contra de su maestro.
En esa misma cena, sentados a la mesa y mientras
comían, Jesús tomó el pan,
lo bendijo y lo entregó a sus amigos diciéndoles:
"Tomad y comed, porque éste es mi cuerpo,
que entrego por vosotros". Después tomó
una copa de vino, dio gracias al Padre y la pasó
para que todos bebieran , mientras decía:
"Bebed todos de ella, porque esta es mi sangre,
la sangre de la Nueva Alianza, que se derramará
para perdonar los pecados de los hombres".
Finalmente les indicó: "Haced esto en
memoria mía". Se trataba de la institución
del sacramento de la eucaristía, donde Cristo
se hace presente con su cuerpo y con su sangre y
que los católicos repiten en cada misa, cuando
el sacerdote procede a la consagración.
El
Monte de los Olivos
Después de cenar, Jesús y sus apóstoles
se dirigieron al Monte de los Olivos donde había
un huerto. Al entrar le dijo a sus amigos: "Sentaos
aquí, mientras voy allí a orar".
El fue con Pedro, Santiago y Juan. Al poco tiempo,
Jesús empezó a sentirse angustiado
y le dijo a los tres discípulos que le acompañaban:
"Mi alma está triste hasta el punto
de morir; quedaos aquí y velad conmigo".
El se distanció un poco y cayó con
el rostro en tierra , orando: "Padre mío,
si es posible, que pase de mí esta copa,
pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú".
Entonces vino un ángel del cielo que lo reconfortó.
En medio de la angustia El rezaba más fuerte
y su sudor era como gotas de sangre. Después,
Jesús volvió donde estaban sus amigos
y los encontró durmiendo. Entonces le dijo
a Pedro: "¿Conque no habéis podido
velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no
caigáis en tentación. Y alejándose
de nuevo, por segunda vez oró así:
"Padre mío, si esta copa no puede pasar
sin que yo la beba, hágase tu voluntad".
Volvió otra vez y los encontró dormidos,
pues sus ojos estaban cargados. Los dejó
y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las
mismas palabras. Va entonces donde estaban los discípulos
y les dice: "Ahora ya podéis dormir
y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
Mirad que el que me va a entregar está cerca"."
Jesús es
entregado
Todavía Cristo estaba hablando cuando Judas
se le acercó y lo besó en la mejilla.
Venía con un grupo de gente con palos y espadas.
El Señor lo miró con cariño
y le dijo: "Amigo, ¿a qué vienes?".
Entonces, los que acompañaban a Judas tomaron
prisionero a Jesús. El les dijo: "¡Venís
por mí como si fuera un bandido o un criminal,
con espadas y palos! Siempre estaba en el templo,
enseñando y discutiendo con vosotros y nunca
me hicisteis nada. Pero pasa esto para que se cumplan
las escrituras".
Jesús es condenado
Los soldados llevaron a Jesús a la casa del
sumo sacerdote. Los jefes del pueblo y otros sacerdotes
estaban reunidos en su casa e iniciaron el proceso
en su contra, buscando falsos testimonios, que resultaban
contradictorios. Entonces, el sumo sacerdote se
levantó en medio de la reunión y preguntó
a Jesús: "¿Eres el Mesías,
el Hijo de Dios bendito?". Cristo respondió:
"Lo soy". Entonces el sacerdote determinó
que no necesitaban más pruebas y lo sentenciaron
a muerte. Estuvo prisionero toda la noche y los
criados se burlaban de El y lo abofeteaban.
La negación
de Pedro
Pedro, uno de sus apóstoles, estaba en el
patio. Uno de los criados del sumo sacerdote al
verlo le dijo: "Tú también estabas
con Jesús de Nazaret". Pero Pedro lo
negó, diciendo: "No sé de qué
me hablas" y salió un momento. Después,
una mujer le repitió: "Creo que ciertamente
era uno de los que acompañaban a Jesús",
Pedro lo volvió a negar y dijo que no le
conocía. Insistieron: "Sí, eres
de los que seguían a Jesús, eres galileo,
tu forma de hablar nos lo dice claramente".
Entonces Pedro empezó a jurar y a gritar
cada vez más fuerte: "De verdad, no
conozco a ese hombre; nunca he oído hablar
de él". En ese momento un gallo cantó
por segunda vez. Pedro se acordó de lo que
Jesús le había dicho: "Esta noche,
antes de que el gallo cante dos veces, me habrás
negado tres veces". Pedro salió corriendo
y lloró amargamente.

Viernes
Santo
Jesús
ante Pilato
Los judíos condujeron a Jesús de Caifás
al pretorio. Entonces Pilato salió fuera
donde estaban ellos, y les dijo: ¿Qué
acusación traéis contra este hombre?
- Si éste no fuera malhechor no te lo hubiéramos
entregado -le respondieron. - Tomadle vosotros y
juzgadle según vuestra ley -les dijo Pilato.
- A nosotros no nos está permitido dar muerte
a nadie -le respondieron los judíos. Lo acusaban
de alborotar al pueblo, de oponerse a pagar los
impuestos al César y que se proclamaba el
Cristo Rey. Pilato interrogó a Jesús
acerca de estos cargos. Sobre si era rey, le respondió:
-Soy rey, pero mi reino no es de este mundo. El
procurador vio que era inocente y así lo
manifestó. En ese momento acudió la
turba a pedir el indulto que, según costumbre,
se daba con ocasión de la Pascua. Pilato
les dio a elegir entre un asesino llamado Barrabás
o Jesús. Los príncipes de los sacerdotes
incitaron a la turba a que gritara: -¡Haz
morir a éste, y suéltanos a Barrabás!
-¿Qué hago con Jesús que se
llama el Cristo? -¡Crucifícale, crucifícale!
-Yo no hallo en él causa de muerte; lo castigaré
y lo soltaré. -¡Crucifícale,
crucifícale! Pilato mandó soltar a
Barrabás y que azotaran a Jesús. En
el patio lo desnudaron y lo torturaron a latigazos;
tejieron una corona de espinos y se la clavaron
en la cabeza; le echaron encima, de las espaldas
un trapo rojo como manto real, y entre las manos
le pusieron un caña como cetro. Con este
humillante aspecto lo presentó Pilato al
pueblo. -¡Éste es el hombre! -¡Crucifícale!
Según nuestra ley debe morir porque se dice
Hijo de Dios. Pilato se rindió, y se lavó
las manos ante el pueblo, mientras decía:
"Soy inocente de la muerte de este justo".
Así lo entregó para que lo crucificaran.
Camino
a la Cruz
Los soldados condujeron a Jesús para que
lo crucificaran. Le quitaron el manto rojo, le pusieron
sus vestiduras y lo llevaron a crucificar. Jesús
llevaba su cruz caminando hacia el monte Gólgota,
que significa "lugar de calavera", donde
sería crucificado. Por el camino encontraron
a un hombre llamado Simón y le obligaron
a cargar la cruz junto a Jesús. Le seguía
mucha gente y muchas mujeres estaban apenadas por
El. Pero Jesús se volvió hacia ellas
y les dijo: "Mujeres de Jerusalén, no
lloreis por mí, llorad por vosotras y por
vuestros hijos".
La
Crucifixión
Cuando llegaron al calvario crucificaron a Jesús
entre dos malhechores. Jesús siempre misericordioso
dijo: "Padre mío, perdónalos
porque no saben lo que hacen". Los soldados
lo desnudaron y echaron sus ropas a la suerte. Algunos
decían: "Ha salvado a otros, que se
salve a sí mismo si es el mesías de
Dios". Uno de los bandidos que había
sido crucificado con él, le decía:
"Si de verdad eres el mesías, sálvate
y después nos salvas a nosotros". Pero
el otro le señaló: "¿no
tienes respeto a Dios? Nosotros estamos aquí
por nuestros delitos, pero El no ha hecho nada".
Y volviendo su cabeza a Jesús le dijo: "acuérdate
de mí cuando llegues a tu reino". Jesús
le respondió: "Hoy mismo estarás
conmigo en el paraíso".
Jesús
muere en la Cruz
Al mediodía el sol se oscureció y
el país se cubrió de tinieblas. Jesús
gritó: "¿Dios mío, Dios
mío!, ¿porqué me has abandonado?".
También dijo: "Tengo sed". Uno
de los soldados empapó una esponja en vinagre
y le dio a beber. Entonces el Mesías dijo:
"¡Padre! en tus manos encomiendo mi espíritu.
Todo está consumado". Inclinó
la cabeza y murió. Los soldados que custodiaban
al Señor se llenaron de miedo y dijeron "Verdaderamente,
este era el Hijo de Dios". Uno de los soldados
clavó una lanza al costado de Cristo y de
la herida salió sangre y agua. Así
se cumplió lo que estaba escrito: "No
rompereis ninguno de sus huesos" y "Mirarán
al que traspasaron".
Sepultan a Jesús
Al atardecer vino un hombre rico: José de
Arimatea, discípulo de Jesús, quien
solicitó a Pilatos el cuerpo de Jesús
para darle sepultura. Entonces, tomó el cuerpo
del Señor, lo envolvió en una sábana
limpia y lo puso en una tumba nueva. Delante del
sepulcro puso una piedra grande y se fue.

Sábado
Santo
Cristo estaba sepultado y su madre, la
Virgen María, sufría en silencio.

Domingo
de Resurrección
El primer día de la semana, de madrugada,
las mujeres fueron al sepulcro llevando perfumes
para el cuerpo de Jesús. Al llegar, encontraron
que la piedra había sido movida y la entrada
estaba libre. En aquel momento vieron a dos hombres
vestidos de blanco que les dijeron: "¿Por
qué buscan entre los muertos al que está
vivo?". Recordaron las palabras de Jesús
sobre su resurrección y corrieron a contarle
todo esto a los discípulos que estaban reunidos.
El mismo día en que el Señor resucitó,
se presentó en medio de sus discípulos
diciendo: " La paz con vosotros. Como el Padre
me envió, también yo os envío."
". Dicho esto sopló sobre ellos, diciendo:
" Recibid el Espíritu Santo a quienes
perdonéis los pecados, les quedan perdonados;
a quienes se los retengáis, les quedan retenidos".

