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RUTAS
LITERARIAS
Camino
de la lengua castellana
Ruta de Goethe
Rutas literarias por Salamanca
Recorrido de Shakespeare
Proust, sin perder el tiempo
Camino del Cid
Un día en la vida de... Joyce
Cervantes y La Mancha
Camino
de la lengua castellana
Una ruta
para descubrir la cuna, la luz, los silencios y los
trazos más agitados de una lengua, el castellano,
que cada día acaricia más oídos
en la tierra. Allá por el siglo XI cierto estudiante
o predicador anotó, en los márgenes de
un texto latino, el primer testimonio escrito en romance
castellano que ha llegado hasta nosotros. Son las famosas
"Glosas Emilianenses" del Monasterio riojano
de San Millán de la Cogolla, cuna de un idioma
con el que se comunican en la actualidad más
de cuatrocientos millones de personas. Estos primeros
balbuceos del castellano continúan en las "Glosas
Silenses", registradas en el cenobio burgalés
de Santo Domingo de Silos. Las universidades de Salamanca
y Valladolid imprimieron al castellano dimensiones imperiales
y universales. La capacidad de pensar e imaginar quedaba
patente en grandes novelas como El Lazarillo de Tormes
y La Celestina. Santa Teresa de Jesús y San Juan
de la Cruz plasmaron su hálito creador en los
conventos y retiros abulenses. Finalmente, el castellano
alcanza su cima en Alcalá de Henares, patria
chica del genial autor de El Quijote.Volver a los orígenes
y recorrer los hitos de este Camino de la Lengua visitando
los monumentos y reliquias, sus arrugas y adornos, para
que nos vayan desgranando las glorias del pasado.
San Millán de la Cogolla. Cuna
del castellano
Monasterios de San Millán de Suso y de Yuso.
La Rioja. Inscritos en 1997 como Patrimonio de la Humanidad.
La comunidad monástica fundada por San Millán
a mediados del siglo VI se convirtió en un lugar
de peregrinaje y, en honor de este santo, se construyó
en Suso una bella iglesia románica que aún
sigue en pie. Aquí se escribieron los primeros
textos en lengua castellana, de la cual proviene uno
de los idiomas más hablados del mundo. A principios
del siglo XVI la comunidad se albergó en un bello
monasterio nuevo, Yuso, debajo del complejo más
antiguo que continúa utilizándose en la
actualidad.
Santo Domingo
de Silos. Un canto a la lengua
Este centro de peregrinación, que fundó
Fernán González en el año 954,
fue renovado por Domingo de Cañas, enviado
del monarca Fernando I para ejercer las funciones
de abad. Santo Domingo, que restauró los edificios,
consagró en 1073 el primitivo templo románico.
A partir del siglo XIII el lugar fue denominado con
el nombre del santo. La primitiva iglesia románica
fue sustituida en el siglo XVIII por el templo actual.
Valladolid.
Cultura en Castellano
Valladolid habla, piensa y siente en castellano. Y
su universidad y sus gentes han transmitido a través
de los siglos, y de un modo incesante, sus reflexiones,
sus conocimientos y sus sentimientos. Siempre en castellano.
En 1494 Pedro González de Mendoza funda el
Colegio de Santa Cruz, que habría de servir
'para bien universal de los hombres pero, sobre todo,
de aquellos que, aunque dotados de ingenio y ansiosos
de saber, no pueden consagrarse al cultivo de las
letras, por su pobre condición'. Por sus calles
paseó Cervantes, allí nació José
Zorrilla, estudió Quevedo y habitó Santa
Teresa de Jesús; nació Rosa Chacel y
aquí vive y escribe Miguel Delibes.
Salamanca.
Camino del saber
En 1492 Antonio de Nebrija, que había sido
catedrático de su universidad, establece en
su "Gramática de la Lengua Castellana"
las primeras normas de uso. La madurez y expansión
del castellano continuó, hasta consolidarse
como una lengua importante. A ello contribuyó
la labor de la Universidad de Salamanca, donde han
estudiado y escrito autores considerados entre los
mejores de nuestra literatura. De Fray Luis de León
a San Juan de la Cruz. De Luis de Góngora a
Miguel de Unamuno.
Ávila,
ciudad de santos y piedras
Ávila es la ciudad medieval amurallada mejor
conservada del mundo. Sus murallas, impresionantes
por su monumentalidad, tienen forma rectangular, con
un perímetro aproximado de dos kilómetros
y medio, unos doce metros de altura y tres de ancho.
Los muros están reforzados por macizos torreones
cada veinticinco metros. Ciudad vieja de Ávila
e iglesias extra-muros. Inscrito en 1985 como Patrimonio
de la Humanidad. Fundada en el siglo XI para proteger
los territorios reconquistados a los árabes,
esta "ciudad de santos y de cantos", lugar
de nacimiento de Santa Teresa, mantiene su austeridad
medieval. Su pureza de formas aún puede apreciarse
en su catedral gótica y en sus fortificaciones
que, con 82 torres semicirculares y 9 puertas, son
las más completas de España.
Alcalá
de Henares. Universidad y Cervantes
Alcalá de Henares, fundada por los romanos
con el nombre de Complutum, de donde proviene el gentilicio
de "complutense", vio pasar distintas civilizaciones.
Allí nacieron el Arcipreste de Hita y Miguel
de Cervantes. Universidad y recinto histórico.
Inscrito en 1998 como Patrimonio de la Humanidad.
Fundada por el Cardenal Ximénez de Cisneros
a principios del siglo XVI, Alcalá de Henares
fue una de las primeras ciudades universitarias planeadas
del mundo. También fue el modelo original de
la Civitas Dei (ciudad de Dios), comunidad urbana
ideal que los misioneros españoles trasladaron
a América y, asimismo, fue modelo de universidades
europeas y de otros países.

Ruta
de Goethe
El
padre de las letras alemanas nació en Francfort,
ciudad cuya Feria del Libro la pone también cada
año en el centro del mundo literario. O al menos
el de los negocios editoriales. Cerca del Römerberg,
la parte central del barrio antiguo de la ciudad, se
conserva la casa donde Goethe nació el 28 de
agosto de 1749. La dirección precisa es el 23
de Grosser Hirschgraben, aunque vale recordar que se
trata de una reconstrucción (la original fue
destruida por un bombardeo en 1944). Allí comenzó
a escribir sus primeras obras, las del período
que hoy la historia literaria califica como Sturm und
Drang, un violento romanticismo que pone por encima
de todo la libertad del artista y su tormentosa fuerza
creadora. El libro más emblemático, Las
desventuras del joven Werther, es la historia de un
desengaño amoroso que provocó en su tiempo
una escandalosa ola de suicidios. El escritorio donde
vieron la luz algunas páginas de esa novela epistolar
se conservan en la Goethe Haus, así como las
habitaciones, la sala de música, el teatro de
marionetas y la biblioteca. Junto a la casa fue instalado
el Museo Goethe. Y no habría que dejar Francfort
sin antes subir a la Goetheturm, la torre de Goethe,
que permite divisar la moderna silueta de una ciudad
al ritmo de las finanzas de media Europa. Viajero inquieto,
Goethe vinculó su obra literaria y su vida personal
con otras ciudades: en Lepzig, capital de los artistas
en su tiempo, se enamoró de la baronesa Charlotte
Von Stein, una historia no correspondida de la que quedan
cartas como testimonio. Fulda y Eisenach, dos localidades
cercanas, también fueron visitadas por Goethe,
que se encontró con Napoleón en Erfurt,
en 1808. La otra gran capital de esta ruta es Weimar,
capital del ducado del que Goethe fue ministro, y donde
logró dar -según evoca en sus cartas-
"un feliz rumbo" a su existencia. Allí
pasó 50 años, los últimos de su
extensa vida, de los cuales estuvo 40 en la misma casa
de Frauenplan, hoy abierta al público. También
aquí está su escritorio -donde solía
escribir parado-, su lecho de muerte y algunos manuscritos.
Aquí Goethe dio forma a su obra cumbre, Fausto,
a la vez que compartía su vida con una simple
modista llamada Christiane Vulpius. Weimar, donde además
de la Goethe Haus hay un Museo Goethe, tiene más
blasones literarios: por aquí también
se siente la presencia de Herder y Schiller, que cuenta
con su propia Schiller Haus, y se puede visitar el Archivo
Nieztsche. Goethe y Schiller están sepultados
en el Cementerio Histórico de Weimar.

Rutas
literarias por Salamanca
Más
de quinientos años lleva la tierra salmantina
dando frutos literarios, fuera por los personajes de
ficción que la recorrieron o por los creadores
de la palabra a los que dio aula universitaria, cátedra
y residencia. Así ganó carta de naturaleza
moderna, a la par que leyenda para muchos de sus rincones.
De entrada, Salamanca se enorgullece de poseer, abierto
como jardín público, el huerto de Melibea,
esa dama cuyo cortejo desencadenó la tragicomedia
que Fernando de Rojas titulaba, en 1499, "La Celestina".
Una pieza dialogada, precursora de nuestras letras realistas,
que dejó otras ambientaciones de su capital,
en el actual promontorio llamado "Peña de
Celestina". Liquidados los valores feudales, la
moraleja de "La Celestina" apuntaba a la mezquindad
del dinero, como árbitro de las nuevas relaciones
humanas. Y, al poco, en 1554, el libro titulado "Lázaro
de Tormes" inició nuestra tradición
picaresca, rebautizando épicamente los parajes
por los que su autor anónimo paseó las
aventuras y desventuras de un mozo correfortunas. Toda
una ruta iniciática en pos de la honra, que a
Lázaro, natural del pueblo charro de Tejares,
le llevó a tomar apellido del río donde
fue encontrado de niño. A ejemplo de Moisés,
líder bíblico cuya cuna meciera el Nilo,
el buen caballero andante tenía que haber surgido
de las aguas. Lo hizo Amadis de Gaula y Lázaro,
hablando sobre sus orígenes en términos
de parodia, no podía dar a entender menos...
Por lo demás, estaba destinado a buscarse la
vida golpe tras golpe, así que Salamanca aún
conserva el berraco de piedra, donde el ciego al que
comenzó sirviendo le golpeó la cabeza,
cuando, a sugerencia suya, Lázaro se acercó
a la escultura para escuchar no se sabe qué gran
ruido "El mozo del ciego un punto ha de saber más
que el diablo...". Al invidente le urgía
espabilarle pronto y le enseñó de entrada
a no fiarse ni de su padre, al que, por cierto, ni había
conocido.
La Universidad
salmantina, cuna de grandes plumas desde sus principios
Antes de que La Celestina y el Lazarillo le sacaran
brillo didáctico a la geografía salmantina,
en su capital ya se enseñaban y aprendían
lecciones magistrales. Aparte del leguleyo Fernando
de Rojas, allí, en su universidad, habían
estudiado Antonio de Nebrija y Juan del Encina, padres
de la gramática y el teatro español,
respectivamente. Después, en 1561, con los
nombres menores del dramaturgo Lucas Fernández
y el poeta Cristóbal de Castillejo en esta
misma nómina, Fray Luis de León ganó
su cátedra de Teología y dio clases
universitarias a San Juan de la Cruz, que aún
no era ni santo, ni místico. Fray Luis escribió
buena parte de su poesía en Salamanca, mientras
Teresa de Jesús hacía lo propio, fundando
conventos en sus alrededores. Y si hubiera que escoger
alguno de sus poemas, con punto de referencia en la
ciudad y sus personajes, ese sería sin duda
su "Oda a Salinas", dedicada al catedrático
y organista ciego que tenía por entonces la
universidad salmantina. La Inquisición castigó
con cinco años de prisión a Fray Luis,
por traducir el Cantar de los Cantares bíblico
al castellano... Y se cuenta que, cuando los cumplió
y volvió a su cátedra, se presentó
a los nuevos alumnos con estas palabras: "Como
decíamos ayer...".
El Siglo
de Oro
Hacia 1587 fue desterrado de Castilla Lope de Vega,
lo que le llevó a residir y escribir en Alba
de Tormes. Ahora bien, entre 1613 y 1615, es Cervantes
quien volvería a poblar de personajes literarios
las tierras charras, a cuenta de su novela ejemplar
titulada "El Licenciado Vidriera" y su entremés
"La Cueva de Salamanca". Sansón Carrasco
se llama el universitario salmantino que anuncia a
Don Quijote la fama de sus peripecias, en las páginas
con que se abre la segunda parte de su libro. Pero,
puestos a rastrear la Salamanca del Siglo de Oro en
Cervantes, hay que seguir mejor los pasos a Tomás
Rodaja, personaje enloquecido y hechizado, en cuya
boca pone el escritor todo el sentido común
y las verdades que su época ocultaba. Un licenciado
en leyes que se creía de vidrio... Otros autores
de nuestro Siglo de Oro, como Mateo Alemán,
Vicente Espinel, Góngora, Ruíz de Alarcón
y el propio Calderón de la Barca pasarían
también por las aulas de la universidad charra,
antes y después de que el dramaturgo Tirso
de Molina, como Lope, ambientara algunas de sus obras
por estas tierras. Las miradas dieciochescas sobre
la ciudad, correrían a cargo del poeta Meléndez
Valdés y Diego de Torres y Villarroel, que
editó una agitada autobiografía de pícaro
local, al poco de publicar por entregas "El gran
Piscator Salmantino".
En los siglos
XIX y XX
Y, a lomos del romanticismo, llegaron Larra y Espronceda,
con la "Carta a Andrés escrita desde las
Batuecas" y "El estudiante de Salamanca",
en uno y otro caso.
"La famosa Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,
noble archivo de las ciencias".
Así comienza rezando
el famoso poema de Espronceda, donde el libertino
caballero Don Félix de Montemar llega a contemplar
su propio entierro, por la calle del Ataúd...
Nada que ver, desde luego, con el canto lírico
que Unamuno le dedicó en las páginas
de su "Salamanca" a la provincia:
"Bosque de piedras que
arrancó la Historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, ¡yo te bendigo,
mi Salamanca".
Miguel de Unamuno obtuvo en 1891 la cátedra
de Griego en la universidad salmantina, fue rector
de ella de 1900 a 1914, luego decano de su Facultad
de Letras y, al volver del destierro que le impuso
Primo de Rivera, catedrático de Historia de
la Lengua y nuevamente rector. Es más, incluso
ejerció de concejal y diputado en Salamanca.
A su pluma posada en el paisaje charro le había
precedido la de Galdós con su "Batalla
de los Arapiles" (Episodios Nacionales) y la
del lírico Gabriel y Galán, nacido en
Frades de la Sierra. Ya en el siglo XX, sobre esta
provincia y su capital escribirían así
mismo Fernández Santos, Torrente Ballester
y Tierno Galván, que de 1953 a 1965 fue catedrático
de Derecho Político en Salamanca.

Recorrido
de Shakespeare
Se
podría viajar por muchos lugares visitando los
sitios entre reales e imaginarios donde William Shakespeare
ambientó sus dramas. Pero todo recorrido debería
empezar en su ciudad natal, Stratford-upon-Avon, en
Warwickshire, a orillas del río Avon, que gracias
al escritor se convirtió en uno de los principales
centros turísticos británicos. Shakespeare
nació en 1564 en una casona de techo a dos aguas
donde vivieron hasta el siglo XIX algunos de sus descendientes
y que hoy presenta una exhibición sobre la vida
de Shakespeare y su contexto histórico, y conserva
numerosos manuscritos y libros de la época. En
la ciudad hay otras cuatro casas relacionadas con él:
New Place, donde vivió desde 1597 hasta su muerte
en 1616, fue demolida en el siglo XVIII, pero se conservan
sus cimientos y un antiguo jardín; Hall´s
Croft, donde residió Susanna, su hija mayor,
cerca de la Holy Trinity Church -donde está sepultado
el escritor- ofrece visitas guiadas en la planta baja
y al jardín; el Anne Hathaway´s Cottage,
residencia de la esposa Shakespeare antes de su casamiento
en 1582; y la Mary Arden´s House, en las afueras,
una granja estilo Tudor donde creció la madre
del poeta, Mary Arden, antes de casarse y mudarse a
Henley Street. En Stratford, otro ineludible centro
shakespereano es la Shakespeare Centre Library, que
incorporó la biblioteca del Royal Shakespeare
Theatre. Ambas fueron fundadas en la última mitad
del siglo XIX y unidas en 1064 en un centro único.
Sus colecciones cubren todos los aspectos de la vida
del poeta y sus tiempos, incluyendo ediciones originales
de sus obras teatrales a partir de 1623. En Warwickshire
hay también una mansión, Charlecote Park,
en cuyos jardines se dice que el joven Shakespeare gustaba
cazar. Pero el rastro de sus huellas literarias debe
seguirse más allá aún, en la capital:
Londres es la sede del Globe Theatre, para el cual escribió
la mayor parte de sus obras. El edificio original es
de 1599, en tanto el Globe que hoy se visita es una
completa reconstrucción: el primer teatro era
de madera y ardió en un incendio en 1613, y aunque
fue reconstruido más tarde no escapó a
la presión de los puritanos y terminó
demolido. El actual Shakespeare´s Globe Theatre
reproduce fielmente aquel teatro al aire libre donde
trabajó el escritor, y entre mayo y septiembre
presenta producciones de sus obras, sus contemporáneos
y autores modernos. Como cuatro siglos atrás,
es posible sentarse en las gradas de madera o quedarse
de pie, y por supuesto se espera del público
que aplauda o abuchee sin reparos, como Shakespeare
fuera un contemporáneo más y no el mito
literario en que lo convirtió el tiempo. En Londres,
también se puede visitar la catederal de Southward,
donde hay un monumento al poeta. Y, para un poco más
de realismo, ¿por qué no pasar por el
Museo de Cera de Mme. Tussaud´s? Entre los más
célebres personajes, no podía faltar el
bardo de Stratford-upon-Avon.

Proust,
sin perder el tiempo
Para
sus lectores más fervientes, Marcel Proust es
simplemente Marcel, y cada una de sus reliquias es venerada
con auténtica devoción. Bien lo saben
los vecinos de Illiers-Combray, pueblo que cambió
de nombre gracias a él (el originario, Illiers,
tomó su doble denominación en 1971 para
homenajear la transposición literaria que Proust
hizo de él en el Combray de En busca del tiempo
perdido). Cuando los ven llegar, bajar del tren o manejar
despacio para divisar desde la ruta, como Marcel, el
campanario de la iglesia, ya saben que son proustianos
que entrarán en la panadería local para
probar las magdalenas auténticas antes de visitar
los dos iconos de la ciudad: la casa de la tía
Léonie (donde Marcel pasó las vacaciones
de su infancia) y el jardín del Pré Catelan
(en la novela, el parque de Tansonville, donde el narrador
ve por primera vez a la pequeña Gilberta Swann).
Saliendo de la casa, hay que caminar unas manzanas por
una avenida arbolada para llegar al Pré Catelan,
un jardín cerrado con estanques donde todavía
parecen entreverse las siluetas de Marcel y Gilberta
cuando eran niños. La peregrinación Proust
sigue en Normandía, donde la Balbec literaria
puede descubrirse en la Cabourg real, con retazos de
otros balnearios vecinos. Antigua estación balnearia
de renombre, conserva el imponente Grand Hotel donde
el pequeño Marcel golpeaba con los nudillos la
pared para comunicarse con la habitación de su
abuela. También París tiene numerosas
huellas de Proust: en el 102 Boulevard Haussmann, primer
piso, se encuentra la habitación tapizada de
corcho donde escribía toda la noche (hoy es el
banco Varin-Bernier), y en la calle Hamelin 44 está
el edificio donde murió (hoy es un hotel, y la
habitación fue reconstruida en el Museo Carnavalet,
en el distrito parisiense del Marais). Finalmente, en
el cementerio del Père-Lachaise los admiradores
dejan siempre flores frescas sobre la tumba del escritor,
sepultado junto a sus padres.

Camino
del Cid
Tramos
Vivar
del Cid (BU) - Santo Domingo de Silos (BU)
El visitante que se adentre en el Camino cidiano tiene
su primera parada obligada en Vivar del Cid a 10 km
al norte de Burgos. Vivar es el inicio de este Camino
y también inicio del Cantar de Mío Cid.
Según el poema, el Cid salió de Vivar
con la orden real de abandonar Castilla en nueve días.
Se ha colocado un conjunto escultórico en Vivar,
donde se señala la Legua 0, el inicio del Camino.
En el Convento del Espino se guardó durante siglos
el manuscrito del Cantar de Mío Cid, hoy en la
Biblioteca Nacional. Conmemorando la muerte del Cid
en Valencia, el 10 de julio de 1099, Vivar del Cid celebra
anualmente una semana cidiana. Tras pasar por Quintanilla
de Vivar, el siguiente hito es Burgos, donde algunos
caballeros burgaleses y vasallos se unieron a Rodrigo
en su aventura. Todo en la ciudad de Burgos recuerda
al Cid. Tras atravesar el Arco de San Martín,
y a los pies del Castillo, se alza El Solar del Cid,
con un sencillo monumento a su memoria. La tradición
enmarca en la iglesia de Santa Águeda la legendaria
Jura de Santa Gadea, en la que el Cid obligó
a jurar al rey Alfonso VI que no había participado
en el asesinato de su hermano, el rey Sancho. Por la
puerta de Santa María abandonó el Cid
la ciudad, cruzando el Arlanzón y acampando extramuros,
en la glera, ya que el rey Alfonso había prohibido
a los burgaleses que ayudaran al Cid o le dieran posada
bajo pena de perder sus bienes "y los ojos de la
cara". Antes, el Cid se arrodilló en la
desaparecida iglesia de Santa María, donde hoy
se alza la Catedral gótica, Patrimonio de la
Humanidad. En la Catedral se hallan actualmente los
restos de Rodrigo y doña Jimena. En el Arco de
Santa María pueden verse, entre otros, una reproducción
de la espada Tizona, así como una reproducción
facsímil del Cantar y el hueso radio del brazo
izquierdo del caballero castellano. Recordando al Cid,
sobre el puente de San Pablo, hay 8 estatuas de Lucarini
que representan a los amigos del caballero; presidiendo
el conjunto, se alza la estatua ecuestre del Cid, de
Juan Cristóbal. También destacan los impresionantes
murales de Vela Zanetti en la cúpula del Palacio
de la Diputación Provincial. Aguas arriba se
halla el Monasterio de San Pedro de Cardeña,
donde según el Cantar quedaron Jimena y sus hijas
María y Cristina (Doña Elvira y doña
Sol en el poema). El monasterio, íntimamente
ligado a la mitología cidiana, fue fundado por
el Císter en 899, constituyendo un importante
centro cultural y espiritual de la época. Del
monasterio románico, saqueado en el 953 por Abderramán
III, aún queda la vieja torre del siglo X y su
interesante claustro románico. En San Pedro reposaron
los restos del Cid y su esposa hasta que fueron trasladados
a la Catedral en el siglo XX; sin embargo, su mausoleo
policromado, del siglo XII, aún puede visitarse.
El Camino por Burgos sigue hacia Covarrubias por Cubillo
del Campo y Mecerreyes. En este itinerario literario
del Cantar, las huestes cidianas atravesaron probablemente
Covarrubias, villa medieval de gran interés en
la que destacan la antigua Colegiata y el Torreón
de Fernán González, del siglo X. Siguiendo
los bellos parajes del valle del Arlanza, el Camino
prosigue por Retuerta, una pequeña localidad
de alto valor etnográfico, hasta Santo Domingo
de Silos, monasterio donde el abad Domingo había
comenzado años atrás las obras del claustro
románico. La historia de Silos es la historia
de Castilla: aunque Almanzor, a finales del siglo X,
provocó grandes destrozos, tuvo un enorme esplendor
entre los siglos XI-XIII, gracias a su impulsor Santo
Domingo quien, alrededor del año 1000, reedificó
el monasterio, convirtiéndose en un gran centro
espiritual, cultural y artístico.
Santo Domingo
de Silos (BU) - San Esteban de Gormaz (SO)
Desde Santo Domingo de Silos los trazados por carretera
y por sendero se bifurcan para volver a encontrarse
en la localidad soriana de Alcubilla de Avellaneda.
Antes, el camino senderista cruza por Peñacoba,
villa que perteneció al Cid y fue donada por
mitad en 1076 a Silos, para llegar a Spinaz de Can,
lugar en donde, según el Cantar, el Cid acampó
antes de abandonar la actual provincia de Burgos.
Aunque la localización exacta de Spinaz de
Can es desconocida, algunos estudiosos lo enclavan
en el despoblado de Pinarejos, muy cerca de Doña
Santos. Desde Pinarejos el Camino prosigue hacia Huerta
de Rey. Desde allí el Camino entra en Soria
no sin antes atravesar las localidades burgalesas
de Quintanarraya e Hinojar del Rey. El trazado por
carretera que une las localidades de Santo Domingo
de Silos y Alcubilla de Avellaneda transita por lugares
de gran interés. A pocos kilómetros
de Silos se halla el Espacio Natural de La Yecla.
La Yecla es una profunda y estrecha garganta excavada
en caliza por la que el visitante puede adentrarse
a través de una serie de puentes y pasarelas
colgantes. Tras pasar Espinosa de Cervera se llega
a la importante localidad de Caleruega, patria chica
de Santo Domingo de Guzmán (siglos XII-XIII),
fundador de la Orden de los Predicadores (Dominicos).
Entre Peñalba de Castro e Hinojar del Rey,
cerca de Coruña del Conde se halla la ciudad
romana de Clunia, una de las ciudades más importantes
de la Hispania romana. La ruta en su variante por
carretera abandona Burgos por un camino rural no asfaltado
que enlaza Coruña del Conde con Brazacorta,
entrando en Soria por Alcoba de la Torre. La precisión
con la que el Cantar de Mío Cid describe las
tierras sorianas ha llevado a pensar a algunos estudiosos
que el Cantar fue escrito por juglares de San Esteban
de Gormaz o de Medinaceli. En esta obra, Soria aparece
claramente con identidad propia en dos ocasiones:
en la Ruta del Destierro y la Afrenta de Corpes. En
este camino cidiano ambos eventos se han unido para
facilitar el tránsito de la ruta. El camino
se adentra en Soria por Alcoba de la Torre y Alcubilla
de Avellaneda hasta llegar a uno de los grandes hitos
cidianos, San Esteban de Gormaz, que fuera señorío
del Cid y que cuenta con un importante patrimonio
románico, en el que sobresale la iglesia de
San Salvador -que aún se estaba construyendo
cuando el Cid fue desterrado- y la iglesia del Rivero.
San Esteban de Gormaz, "aquella buena ciudad",
fue repoblada en 912 por Gonzalo Fernández,
aunque, siendo territorio de frontera con los reinos
musulmanes, cambió de manos en varias ocasiones
durante el siglo X. San Esteban es citada reiteradamente
en el Cantar, que alaba a sus moradores como hombres
mesurados y prudentes. Dentro del Camino del Cid resulta
imprescindible la visita a Castillejo de Robledo,
lugar donde la mayoría de los estudiosos emplaza
la afrenta sufrida por las hijas del Cid a manos de
sus esposos, los infantes de Carrión. Rescatadas
por su primo, Félez Muñoz, las hijas
del Cid reposarán en San Esteban hasta reponerse
de sus heridas. El visitante puede rememorar este
pasaje cidiano partiendo de San Esteban de Gormaz
por Langa de Duero. A su paso, la atalaya de Langa
de Duero recuerda el pasado fronterizo de esta zona
en el siglo XI y anuncia la vista de otras muchas
que jalonan la comarca. Esta torre es el último
vestigio del castillo que defendía el puente
medieval que cruza el río Duero. Cruzar este
puente de doce ojos es rememorar una parte de nuestra
historia, en la que el río era no sólo
fuente de vida sino también frontera y lugar
de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos.
Se llega así a Castillejo de Robledo, lugar
de referencia dentro de la mitología cidiana.
El topónimo proviene de su castillo, en tiempos
propiedad de la Orden del Temple. La iglesia de la
Asunción, de origen románico, fue declarada
Monumento Nacional en 1985, y posee unas interesantes
pinturas que hacen de esta iglesia visita imprescindible.
Castillejo es lugar de leyendas, una de ellas, la
más importante, es la que enclava, en un paraje
extraordinario, junto a la ermita de la Virgen del
Monte, la Afrenta de los Infantes de Carrión.
Desde Castillejo se retorna a San Esteban por Valdanzo,
Miño de San Esteban y Aldea de San Esteban.
San Esteban
de Gormaz (SO) - Atienza (GU)
Tras atravesar Alcubilla del Marqués, y según
el Cantar, el Cid y sus hombres entran en la "tierra
de nadie", zona de frontera entre cristianos
y musulmanes bajo la influencia del rey de Castilla
Alfonso VI. El Camino deja a su izquierda el importante
yacimiento arqueológico romano de Uxama -asentamiento
que en tiempos de la antigua Roma comunicaba con Ocilis
(Medinaceli), Segontia (Sigüenza) y Clunia, todas
ellas pertenecientes al Camino del Cid- y sigue por
Osma hasta Burgo de Osma. Burgo de Osma es ciudad
monumental de reconocida gastronomía con sede
episcopal desde el siglo XII; de su importancia da
cuenta el hecho de que en el siglo XVI contara con
Universidad (Universidad de Santa Catalina). Su impresionante
catedral gótica guarda entre sus muchos tesoros
el famoso beato, escrito por el clérigo Pedro
y miniado por Martino en 1086, considerado como uno
de los códices más preciados del siglo
XI. La escultura románica del Santo Cristo
del Milagro, el sepulcro gótico de piedra policromada
de San Pedro de Osma o el retablo mayor renacentista
obra de Juan de Junio y Juan Picardo, son otras de
las sorpresas que esperan a quien acuda a la catedral
del Burgo. Según el Cantar, los hombres del
Cid cruzaron el Duero por Navapalos, hoy centro de
técnicas arquitectónicas tradicionales
que posee una atalaya islámica. Cuenta el Cantar
que, estando el Cid durmiendo en un paraje cercano
a Navapalos, se le apareció el arcángel
Gabriel, quien le auguró buena suerte en sus
empresas. Se llega así a Gormaz, fortaleza
califal, la más grande fortaleza europea de
su época, de la que sería alcalde el
Cid -posiblemente lo fue también de Gormaz,
Langa y Berlanga-. El magnífico paisaje que
se vislumbra desde la atalaya es clarificador de su
importancia estratégica. Durante los siglos
X y XI fue una de las posiciones estratégicas
más codiciadas por musulmanes y cristianos.
Construida por los árabes en el año
965, fue conquistada en 1060 por Fernando I, padre
de Alfonso VI. En el año 1081 fue atacada por
un contingente musulmán, lo que provocaría
una dura represalia del Cid por territorios musulmanes
aliados de Castilla. Este hecho desencadenaría
el primer destierro de Rodrigo. El Camino prosigue
hacia Berlanga de Duero, de la que, según la
Crónica General de 1344, fue alcalde don Rodrigo.
Este señorío le habría sido concedido
en 1089 por Alfonso VI. Berlanga, de acuerdo con el
Cantar, serviría de posada a las hijas del
Cid en su regreso a Valencia. La villa, que junto
a las citadas anteriormente formaban en el siglo XI
la línea defensiva del Duero, es visita ineludible
en este tramo del Camino, y entre sus atractivos destacan
su castillo de planta renacentista -asentado sobre
otro anterior del siglo XII-, la ex-colegiata -siglo
XVI- y su gastronomía. Muy cerca de Berlanga
se encuentran la ermita mozárabe de San Baudelio
de Berlanga, de imprescindible visita por su arquitectura
y murales -parte de los cuales se encuentran en el
Museo Metropolitan de Nueva York-, así como
el pueblo medieval amurallado de Rello, por lo que
Berlanga se constituye en lugar de partida y descanso
hacia otros puntos de interés en la zona. La
última localidad soriana en esta parte del
Camino es el Retortillo de Soria, paso obligado para
cruzar la Sierra de Pela, por la que el Cid descendería
con sus hombres, justo cuando se cumplía el
plazo de nueve días otorgado por el rey Alfonso
VI para abandonar sus tierras. Al Cid le acompañan,
además de un número indeterminado de
hombres a pie, trescientos caballeros. Se entra así
en la actual provincia de Guadalajara por Miedes de
Atienza. Estas tierras pertenecían en 1081
al reino musulmán de Toledo, bajo la protección
del rey castellano-leonés Alfonso VI quien,
en 1086, las incorporaría a su reino tras la
conquista de Toledo. De la importancia histórica
de Miedes de Atienza, dan buena cuenta sus casas señoriales
-como las de Beladíez, Recacha, o la de la
Inquisición-, y su monumental iglesia del siglo
XVIII, de primitiva planta románica. Para no
ser descubiertos, las huestes del Cid cabalgan de
noche y descansan por el día, evitando fortalezas
como la de Atienza, cuyo pasado medieval puede evocarse
no sólo en sus calles sino también en
la fiesta de "La Caballada", que tiene su
origen en la liberación por los habitantes
de la villa, en 1162, del rey niño Alfonso
VII. Bajo la silueta de su castillo, siempre dominante,
el tiempo parece haberse detenido en las empinadas
calles, en sus iglesias de origen románico,
o en las plazas soportaladas, típicamente castellanas.
Atienza (GU)
- Medinaceli (SO)
Desde Atienza, el Camino prosigue por villas y aldeas
de la llamada Arquitectura Negra, como Robledo de
Corpes, en cuyo Robledal de la Lanzada hay quien localiza
la afrenta de Corpes. Se llega así hasta el
"Castejón" del Cantar, "el que
es sobre el Henares". Algunos historiadores lo
identifican con Castejón de Henares, y otros
con Jadraque. En ambas poblaciones pueden hallarse
reminiscencias cidianas de origen popular, como el
castillo de Jadraque, del siglo XV, llamado "del
Cid"; o "la casa del Cid", en Castejón.
El Cid, necesitado de víveres y plata para
pagar a sus hombres, comienza sus campañas
en territorio musulmán tomando Castejón.
Simultáneamente, Álvar Fáñez
marcha con doscientas lanzas a saquear la cuenca del
Henares, en una cabalgada conocida como "la algarada
de Álvar Fáñez". Esta algarada
conforma en nuestra ruta el Ramal de Guadalajara.
Desde Castejón, y tras obtener un gran botín,
el Cid remonta el Henares. Nuestra siguiente visita
obligada es Sigüenza conjunto histórico
artístico, que aún conserva su castillo.
La construcción de este castillo data del primer
cuarto del siglo XII, si bien sufrió profundas
remodelaciones entre los siglos XIV-XVI. Popularmente
es denominado "Castillo de los obispos",
ya que durante siglos sirvió de sede episcopal.
De entre todos los tesoros que guarda Sigüenza,
el más célebre es, sin duda, el Doncel
de Sigüenza. Se trata del sepulcro de Martín
Vázquez de Arce, caballero muerto en 1486 durante
la guerra de Granada. La sepultura, que se halla en
la magnífica catedral de la localidad, es,
por su original composición, su ejecución
minuciosa y su ingrávida belleza, uno de los
grandes hitos de la escultura gótica. De gran
importancia ya desde los tiempos de la antigua Roma,
Sigüenza deparará numerosas sorpresas
a quienes la visiten. El Camino prosigue por Alcolea
del Pinar hacia Anguita que mantiene su torre medieval,
y donde se hallan las cuevas citadas en el Cantar.
Desde allí el Camino cruza el Jalón
y atraviesa Maranchón para entrar de nuevo
en Soria por el valle de Arbujuelo, por Layna -este
es uno de los pasos más transitados en el Cantar,
y en tiempos una vía natural de comunicación-,
hasta llegar a la importante villa medieval de Medinaceli,
reconocido Conjunto Histórico-Artístico:
su arco romano de triple arquería, único
en España, domina el valle del Jalón.
Villa de historia y leyenda, fue habitada por celtíberos,
romanos, y musulmanes. Aunque el Cantar la cita como
plaza castellana, en realidad fue territorio musulmán
en vida de don Rodrigo. La tradición cuenta
que Almanzor, muerto de regreso a Córdoba tras
saquear San Millán de la Cogolla, fue enterrado
en Medinaceli con parte de su tesoro.
Medinaceli
(SO) - Calatayud (ZA)
Desde Medinaceli el Camino prosigue por las localidades
sorianas de Lodares, Jubera, Arcos de Jalón,
Aguilar de Montuenga, y Montuenga de Soria. Termina
el periplo por tierras sorianas en el Monasterio Cisterciense
de Santa María de Huerta, fundado en el siglo
XII por Alfonso VII, en el que destaca su refectorio,
una de las grandes obras del gótico puro. Una
parte muy importante del Camino del Cid discurre por
los dominios musulmanes del célebre reino taifa
de Zaragoza. El camino se adentra en Zaragoza siguiendo
el cauce del río Jalón. La primera noche,
el Cid acampó entre Ariza -que conserva restos
medievales del barrio de la judería, del castillo
y de la muralla- y Cetina. A la mañana siguiente
siguió hacia Alhama de Aragón, localidad
famosa por sus aguas termales ya reconocidas en la
antigüedad clásica -Aquae Bibilitanorum-
y en los tiempos de la dominación musulmana
-Alhama, topónimo árabe, significa "la
fuente termal"-. Desde aquí merece la
pena desviarse y visitar el monasterio de Piedra,
antigua fundación cisterciense, convertido
en el siglo XIX en uno de los jardines románticos
más apreciados de Europa. El siguiente hito
cidiano, Bubierca, está próximo a Castejón
de las Armas, denominación que procede de las
antiguas fábricas de armas blancas que templaban
su precioso metal en las aguas del Jalón. En
Ateca se enseñorea la torre mudéjar
de la iglesia parroquial de Santa María (siglos
XIII-XIV): el cuerpo inferior se construyó
siguiendo el modelo de alminar almohade. Tras dejar
Ateca, el Cid puso su campamento en un otero "redondo,
fuerte y grande", cerca de la actual Peña
de la Mora con la intención de cobrar parias
a los poblados musulmanes y, posteriormente, conquistar
el castillo de Alcocer, del que se desconocía
su paradero hasta que novísimas excavaciones
arqueológicas han dado con su ubicación.
Es en Alcocer donde tiene lugar una de las batallas
más duras y sangrientas del Cantar. Tres mil
musulmanes acuden desde Valencia a derrotar al Cid.
Éste sufre un asedio en el castillo de Alcocer
durante tres semanas. Sin agua ni alimentos, se ve
obligado a enfrentarse en batalla campal contra los
musulmanes, de la que sale victorioso, obteniendo
un considerable botín de "oro, plata",
"de escudos y de armas", "e quinientos
y diez caballos". Desde Ateca se puede seguir
la ruta por carretera, que nos lleva a Calatayud,
o por la ruta senderista, cuyo trazado podría
parecerse al tomado por el Cid del Cantar para evitar
las fortalezas y los pueblos guarnecidos del valle
del Jiloca. Tomando la primera opción, se llega
a Terrer, donde destaca la torre mudéjar de
la iglesia de la Asunción, en cuyo cuerpo bajo
se concentra toda la decoración brindando un
verdadero catálogo de motivos en ladrillo.
Calatayud fue fundada en 716 por los musulmanes, y
significa "el castillo de Ayub", nombre
del gobernador de la ciudad. De este esplendoroso
pasado se conservan todavía restos de gran
interés, como la puerta califal de la muralla
(siglo X), que a buen seguro pudo admirar el Cid.
La ciudad fue conquistada por Alfonso I el Batallador
en 1120. Destaca la Colegiata de Santa María
La Mayor, levantada, como era costumbre, sobre la
antigua mezquita mayor de la ciudad. Consta de tres
naves. Del estilo mudéjar originario se conserva
el claustro, el ábside y la torre octogonal,
de 68 metros de altura. Calatayud se halla muy cerca
de la ciudad romana de Bilbilis, cuna del gran poeta
Marcial. Desde Calatayud el Camino prosigue hacia
Daroca y Molina de Aragón. Si por el contrario
el viajero quiere seguir el camino senderista, deberá
tomar en Alcocer el desvío que lleva a Valtorres
y que, por la Sierra de Pardos, une esta localidad
con Daroca.
Calatayud
(ZA) - Molina de Aragón (GU)
El Camino senderista en Zaragoza se separa de la ruta
por carretera en Ateca. Según el Cantar, tras
vencer a los musulmanes en la batalla de Alcocer,
el Cid se dirigió hacia Poyo del Cid, en Teruel.
Como el poeta del Cantar nada dice al respecto, es
muy posible que evitara Calatayud y las poblaciones
de la vega del Jiloca, muy pobladas y bien guarnecidas,
por lo que se plantea un itinerario senderista que
parte de Ateca y cruza la sierra de Pardos, atravesando
localidades como Valtorres o Munébrega, hasta
converger ambos caminos en Daroca. El Camino por carretera
sigue desde Ateca a Calatayud, donde se enlaza por
la N-234 hasta Daroca, siguiendo el valle del Jiloca,
afluente del Jalón, en cuyo margen derecho
se alzan localidades de enorme interés, como
Maluenda, Velilla de Jiloca, Fuentes de Jiloca, Montón
o Villafeliche. Todas ellas asombran por la monumentalidad
de sus fortificaciones e iglesias, algunas de ellas
de estilo mudéjar, que ponen de manifiesto
la riqueza que la vega del Jiloca proporcionó
a sus habitantes. Las imponentes murallas de Daroca
dan una idea aproximada de la ciudad medieval que
fundaron árabes del Yemen en el siglo VIII.
Entre sus atractivos, destacan la colegiata de Santa
María, que alberga la capilla de los Sagrados
Corporales, protagonistas de un milagro que durante
siglos convirtió a Daroca en lugar de peregrinación;
la Puerta Baja, uno de los símbolos de la ciudad;
y la iglesia románica de San Miguel, que posee
unas hermosas pinturas góticas. A Daroca puede
llegarse también a través del camino
senderista que se abre desde Ateca por la Sierra de
Pardos. Daroca es también el inicio del anillo
senderista que conduce a las lagunas de Gallocanta.
Desde Daroca, el camino entra en Teruel por San Martín
del Río. Paralelo a la carretera y siguiendo
el cauce del Jiloca, corre un camino senderista. Desde
Calamocha surge a nuestra izquierda el Anillo de Montalbán.
Continuando hacia Teruel, se llega a la pequeña
localidad de Poyo del Cid. Una estatua del Campeador
da la bienvenida a los visitantes, y recuerda que
en su cerro el Cid construyó una plaza fuerte.
Del cerro de San Esteban dice el Cantar que es "poyo
maravilloso y grande". Según el poema,
el Cid lo utilizó como lugar seguro para sus
cabalgadas por el valle del río Martín
y el cobro de parias a poblaciones como Daroca o Molina
de Aragón. Los restos de una fortaleza romana
y de un pequeño campamento fortificado medieval
delatan la importancia estratégica del cerro.
En junio, Poyo del Cid celebra una festiva representación
popular sobre las andanzas del Cid en la zona. Este
tramo por Teruel finaliza en Monreal del Campo, donde
el Cid se detendría en una de sus correrías
a esperar refuerzos. En el término municipal
de Monreal del Campo se produce un curioso fenómeno
natural, denominado los "ojos del río
Jiloca". Esta zona es punto de descarga de aguas
subterráneas que dan lugar a manantiales conectados
entre sí en forma de rosario, y que constituyen
el nacimiento natural del río Jiloca. Desde
Monreal el Camino entra en tierras de Guadalajara,
hacia Molina de Aragón. La ciudad de Molina
de Aragón posee numerosos atractivos, entre
los que destacan su espléndido castillo - alcázar
medieval y la torre de Aragón -que dan cobijo
al puente románico sobre el río Gallo-,
el barrio de la judería, las casonas blasonadas,
o la destacable arquitectura religiosa. Molina es
también inicio de numerosas rutas paisajísticas.
Según el Cantar, Avengalbón, el honorable
señor musulmán de Molina, "que
es buen amigo y de paz", está unido al
Cid por vínculos de amistad, y ofrecerá
en varias ocasiones cobijo y protección a sus
gentes. Al parecer, la figura literaria de Avengalvón
tiene su origen en la figura histórica de Ibn
Galbun, héroe musulmán a caballo entre
los siglos XI y XII. En tiempos de don Rodrigo, Molina
era un territorio independiente, tributario de la
taifa de Valencia, y posteriormente aliada del rey
Alfonso VI contra el rey de Toledo, Almamún.
Desde hace unos años, en junio, se realiza
en Molina una representación musical del Cantar.
Molina de
Aragón (GU) - Albarracín (TE)
Desde Molina de Aragón, el Camino se desliza
hacia el sureste, hacia Albarracín. Parada
obligada es el Santuario de Nuestra Señora
de la Hoz, ubicada entre espectaculares farallones
rocosos que posibilitan numerosas rutas de carácter
senderista. La ruta desde el Santuario anuncia una
impresionante orografía que discurre desde
las vegas del río Gallo hacia las estribaciones
del Alto Tajo. En Tierzo, en cuyo término municipal
se sitúan las singulares salinas de Almallá,
la tradición ubica una posada en la que habría
pernoctado el Cid. Las peculiaridades de los pueblos
de esta zona parecen concentrarse en la pequeña
localidad de Chequilla, cuya obra arquitectónica
más singular es una plaza de toros tallada
en roca. Desde Orea, último pueblo del Camino
perteneciente a Guadalajara, la ruta atraviesa sugestivos
parajes serranos por localidades turolenses como Orihuela
del Tremedal o Bronchales -donde según el Cantar
se albergaron algunos caballeros del Cid de camino
a Medinaceli-, hasta llegar a Albarracín. Santa
María de Albarracín fue, en tiempos
del Cid, capital del reino bereber de los Banu Razín.
Emplazada en un marco natural impresionante, toda
la ciudad, amurallada en los siglos XIII y XIV, está
declarada Monumento Nacional. La catedral, las casas
solariegas o el laberinto de callejuelas estrechas
y empinadas, típicamente medieval, configuran
una visita única teñida por el color
rojizo del yeso característico de la zona.
Albarracín es también inicio de numerosas
rutas senderistas y excursiones por una sierra de
alto valor paisajístico y medioambiental. En
el Cantar, Albarracín es para los compañeros
y parientes del Cid un lugar neutral de paso entre
Valencia y Castilla. Históricamente, las relaciones
entre el Cid y Abu Marwan, rey de la taifa, no fueron
tan pacíficas: en 1093 el rey musulmán
rompió el tratado de paz firmado con el Cid;
en represalia, éste lanzó un ataque
por las tierras de Albarracín, sufriendo, en
una de las escaramuzas, un lanzazo en el cuello que
a punto estuvo de costarle la vida.
Albarracín
(TE) - Rubielos de Mora (TE)
Desde Albarracín el Camino se dirige a Gea
de Albarracín, y desde allí a Cella.
Cella, "la del Canal", es citada repetidamente
en el Cantar en alusión al acueducto romano
que, bordeando la carretera, viene de Albarracín.
El acueducto fue utilizado hasta la Edad Media, en
que fue abandonado al abrirse en Cella, en el siglo
XII, la conocida como "Fuente de Cella",
que está considerada como el mayor pozo artesiano
de Europa. Es Cella el lugar que el Cid del Cantar
elige para esperar a los refuerzos que le ayudarán
a conquistar Valencia. La siguiente parada obligada
es Teruel, la que el mismo Cid metió en paria
y capital del mudéjar aragonés, del
que dan buena cuenta sus cuatro torres y el artesonado
de la Catedral, decorado con figuras vegetales y geométricas
y escenas de la vida medieval. Los artistas mudéjares
fusionaron las técnicas arquitectónicas
cristianas y el empleo de ornamentación árabe
para crear un estilo único en el mundo, el
mudéjar. En 2001, el mudéjar aragonés
fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Destaca
también, por su importancia, su acueducto y,
por su singularidad e historia, la plaza del Torico.
Desde Teruel, a la altura de la Puebla de Valverde,
el Camino se dirige hacia la Sierra de Gúdar.
El paisaje cambiante parece anunciar los impresionantes
parajes de la Sierra. Dos son las poblaciones principales
de visita imprescindible: Mora de Rubielos y Rubielos
de Mora. Mora de Rubielos es toda una sorpresa para
quien desconoce los vestigios medievales de esta localidad,
entre los que destaca su castillo: inicialmente fortaleza
musulmana, en el siglo XII fue conquistado por Alfonso
II; su imponente figura fue testigo de las luchas
entre las coronas de Castilla y Aragón. Pero
más allá de sus hitos significativos,
el paseo por sus calles dará ocasión
al viajero de descubrir, en las formas y detalles
de su arquitectura, toda una época en la que
Mora ocupó un lugar importante. Separada de
su hermana por 12 km, Rubielos de Mora, por su arquitectura
y su entorno paisajístico, es uno de los conjuntos
urbanos más atractivos de la geografía
turolense: sus casas solariegas y sus edificios religiosos,
donde sobresalen las líneas góticas
y renacentistas, merecen una visita pausada que nunca
defraudará al viajero. Desde Rubielos de Mora
surge el Anillo del Maestrazgo, que recorre tierras
de Teruel y Castellón y enlaza con el Anillo
de Morella, ambos de un enorme valor histórico
y paisajístico.
Rubielos
de Mora (TE) - Segorbe (CS)
Desde Rubielos de Mora la ruta desciende por Olba
hasta entrar en la primera población castellonense
del Camino: Puebla de Arenoso, enclavada en un sorprendente
paisaje serrano y bañada por el río
Mijares, que el imponente castillo de Arenós,
del siglo XI, parece vigilar. Como muchas otras localidades
de la zona, Puebla de Arenoso debió pagar tributos
al Cid, en concreto 6.000 dinares, según el
historiador Escolano. 10 km separan Puebla de Arenoso
de Montanejos, igualmente tributaria del Cid histórico.
Montanejos ha sido asentamiento de numerosas culturas,
una de ellas, la musulmana, dejó huellas de
su paso en las ruinas de su castillo y en sus atalayas.
Lugar privilegiado, rico en aguas y paisaje, es la
entrada castellonense a los Anillos del Maestrazgo
y de Morella. Entre sus numerosas fuentes, destaca
la de los Baños, famosa por su caudal y la
temperatura estable a la que mana: 25º. Prosigue
la ruta hacia Jérica, plaza conquistada por
el Cid a los musulmanes en 1098, y en la que, según
una interpretación del Cantar, pudo reclutar
tropas musulmanas para el asedio de Valencia. Situada
en el Camino Real que unía Teruel y Valencia,
su particular orografía y la presencia del
río Palancia originan la estructura semicircular
de sus calles, entre las que sobresale la torre campanario,
de origen mudéjar, y su castillo, de origen
árabe. El camino deja Jérica para llegar
a Navajas, localidad habitada por moriscos hasta 1609,
año en que fueron expulsados, siendo repoblada
por cristianos procedentes de Jérica. Entre
Navajas y Segorbe se halla Altura, enclava en el corazó | | |