MUNICIPIOS
Liébana
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Costa Oriental



Liébana
Cabezón de Liébana
El municipio de Cabezón de Liébana se encuentra, como su nombre indica, en la comarca de Liébana, y pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. Linda al norte con Cillorigo y Lamasón, al sur con Pesaguero, al este con Polaciones y al oeste con Potes y Vega de Liébana. El ayuntamiento se constituyó en 1822 (una vez que se escindió en dos el antiguo valle de Valdeprado), aunque con el nombre de Perrozo. Ya en 1835 se denominó Cabezón de Liébana. Situado en la parte oriental de Cantabria, tiene una extensión de 81,3 km2 y está formado por doce pueblos: Aniezo, Buyezo, Cabezón de Liébana, Cahecho, Cambarco, Frama, Lamedo, Luriezo, Perrozo, Piasca, San Andrés y Torices. La capitalidad recae en Cabezón, que se encuentra a 122 km de Santander. La población con la que cuenta el municipio supera ligeramente los 700 habitantes. La ganadería y la agricultura han sido la base sobre la que se sustentaba su economía, si bien desde hace un tiempo ha cambiado: ahora el turismo es la principal fuente de ingresos de sus habitantes, aunque las labores de campo persisten, pero básicamente para consumo propio. La riqueza de Cabezón de Liébana es indiscutible en todos sus terrenos: paisajístico, artístico, gastronómico... El microclima que tiene hace posible la diversidad de su flora y de su fauna. Además, en este municipio se encuentra una de las obras cumbre del románico en Cantabria: la iglesia de Santa María de Piasca.

Camaleño
El municipio de Camaleño se encuentra en la comarca de Liébana y pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. Localizado en el extremo más occidental de Cantabria, limita al suroeste con León y al oeste con el Principado de Asturias, del que le separan los Picos de Europa. El antiguo valle de Val de Baró se constituyó municipio constitucional en el año 1835, tomando ya el nombre de Camaleño. Se extiende por una superficie de 161,80 km2, lo que le convierte en uno de los municipios de mayor extensión de la región. Formado por 33 pequeños núcleos poblacionales, la capitalidad recae en Camaleño, que dista 125 km de Santander. Su población se acerca a los 1.100 habitantes. La explotación ganadera y el cultivo del campo (fundamentalmente patatas, legumbres y vid) han sido a lo largo de la historia su principal fuente de ingresos; sin embargo, hoy en día su economía ha crecido gracias al importante desarrollo del turismo, con el teleférico como principal motor. Regado por las aguas del río Deva, que nace en Fuente De, es un municipio predominantemente montañoso, con altitudes superiores a los dos mil metros. Forma parte del Parque Nacional Picos de Europa, territorio protegido por sus grandes valores naturales. En sus montañas se refugian algunos ejemplares de osos pardos, además de urogallos y águilas reales. Si la naturaleza es de gran valor, no lo es menos su patrimonio artístico. En este municipio, que custodia numerosas iglesias y ermitas, se encuentra el célebre Monasterio de Santo Toribio, uno de los pocos santuarios jubilares que existen. Asimismo, llaman la atención algunas de sus casonas, en Cosgaya, Espinama y Turieno, así como la torre medieval de Mogrovejo, una bella localidad declarada Conjunto Histórico.

Cillorigo
El municipio de Cillorigo de Liébana, perteneciente al partido judicial de San Vicente de la Barquera, linda al norte con Tresviso; Peñarrubia establece sus límites al norte y este, y Cabezón de Liébana, Potes y Camaleño al sur; Asturias ocupa su extremo occidental. El ayuntamiento se constituyó independiente en 1822 y en 1835 adoptó el nombre compuesto de Castro-Cillorigo, hasta 1991, en que nuevamente pasó a denominarse Cillorigo. Situado en la parte oriental de Cantabria, dentro del Parque Nacional Picos de Europa y regado por las aguas del río Deva, tiene una extensión de 104,3 km2 y está formado por 18 núcleos de población: Armaño, Bejes, Cabañes, Castro-Cillorigo, Colio, Lebeña, Pendes, Viñón, Cobeña, Esanos, Pumareña, Salarzón, San Pedro, Trillayo, Aliezo, Llayo, Ojedo y Tama, la capital, que se encuentra a 114 km de Santander. La población con la que cuenta Cillorigo supera los 1.100 habitantes. Como el resto de municipios lebaniegos, la tendencia de su evolución demográfica es regresiva. El clima singular del que goza favorece una fructífera agricultura, en la que destaca el cultivo de la vid, materia prima de su afamado orujo. La ganadería también está presente en sus tierras, pero el turismo se ha convertido en el principal motor de su economía. Del patrimonio histórico de Cillorigo de Liébana destaca sin duda la iglesia de Santa María de Lebeña, considerada una de las joyas del arte mozárabe en España. Además, en muchos de sus pueblos se encuentran ejemplos de arquitectura civil, como la casa-palacio de Salarzón.

Pesaguero
Municipio de montaña, se sitúa en la comarca de Liébana, en un área que riega de oeste a este el río Bullón, afluente del Deva. Tiene una extensión de 70 km2, delimitada al norte por Cabezón de Liébana, al este por Polaciones, al oeste por Vega de Liébana y al sur por la comunidad autónoma de Palencia. Dista 129 km de Santander. Sus 373 habitantes están muy repartidos entre las diez aldeas que conforman el término, siendo las más destacadas las de Caloca, Valdeprado, Lerones, Lomeña y la capital, Pesaguero. Estos pequeños pueblos, la mayoría de los cuales aparecen documentados a partir del año 1000, constituyen un bello paisaje al ser ricos en pastos y bosques. Sus tierras formaron parte del dominio señorial del conde don Tello y estuvieron también bajo la jurisdicción de la Casa de la Vega. La actividad económica básica se centra en la ganadería de montaña: vacas (pardo alpina y frisona), ovejas y cabras. También la agricultura, basada en la pradería para el ganado y en cultivos de tipo forrajero, juega un papel fundamental. De hecho, la gastronomía que caracteriza a este municipio, como ocurre en el resto de la comarca, se sustenta en productos caseros, como los garbanzos, el orujo y el queso. El turismo es otra de las fuentes de ingresos que está cobrando cada vez más protagonismo. Pesaguero cuenta con varias manifestaciones arquitectónicas de valor histórico, tanto desde el punto de vista religioso como desde el civil. En el primer caso destacan las iglesias góticas de Caloca y Avellanedo, mientras que en el ámbito civil sobresalen varias casonas del siglo XVIII, como las de Vendejo y Valdeprado. También son reseñables los restos de la arquitectura popular de las diferentes localidades. En este sentido resalta algún ejemplar conservado de hórreo, tan importantes en otros tiempos y hoy prácticamente desaparecidos en Cantabria.

Potes
Potes se encuentra en el corazón de la comarca de Liébana, lugar de confluencia de los valles de Valdebaró, Valdeprado, Cereceda y La Hermida. Por esto precisamente se alza con la capitalidad de la comarca. Sus 7,7 km2 de superficie limitan al norte con Cillorigo, al sur con Vega de Liébana, al este con Cabezón y al oeste con Camaleño. Con la llegada del régimen constitucional, Potes se constituyó como cabeza de partido judicial, pero actualmente forma parte del de San Vicente de la Barquera. Ubicado en la parte occidental de Cantabria, el municipio más pequeño de la comarca de Liébana está habitado por apenas 1.600 personas. Al ser el principal foco turístico y centro de interés de la comarca lebaniega, por su proximidad a los Picos de Europa y a numerosos monumentos históricos, la población trabaja mayoritariamente en el sector servicios. La gastronomía de esta villa goza de una gran fama, basada en los productos autóctonos de la comarca: hortalizas, legumbres, maíz, patatas, así como el vino (tostadillo) y el aguardiente (orujo). La mayor parte del territorio municipal presenta acentuadas pendientes, con el majestuoso telón de fondo de los Picos de Europa, y sólo aparece una franja llana entre los ríos Deva y Quiviesa, que atraviesan el pueblo. Al abrigo de un microclima de rasgos mediterráneos surge en las laderas bajas un paisaje de huertas y frutales, donde sobresalen los cultivos de la vid. La torre del Infantado, sede del Ayuntamiento, es su principal y más antigua -siglo XV- seña de identidad de un rico patrimonio artístico, del que también forman parte la torre de Orejón de la Lama y la antigua iglesia gótica de San Vicente. Asimismo, conserva una fuerte tradición folclórica, que se manifiesta cada lunes en el mercadillo al que acuden los lebaniegos a comprar los productos típicos, y cuenta con fiestas tan destacadas como la de la Cruz o la del Orujo, declaradas de Interés Turístico Regional.

Tresviso
El municipio se encuentra en el extremo occidental de Cantabria, tiene una superficie de 16,20 km2 y está situado a 91 km de Santander y a 848 m de altitud. Con tan sólo 62 habitantes, Tresviso cuenta con un único pueblo de igual nombre y limita al norte y oeste con el Principado de Asturias, al sur con el municipio de Cillorigo y al este con Peñarrubia. Situado en la parte más septentrional de los territorios lebaniegos, Tresviso ha experimentado en las últimas décadas un fuerte descenso de población de forma que su perfil demográfico está muy envejecido. El municipio se caracteriza por lo agreste de su paisaje, sus elevadas cumbres y el alto valor ecológico de su naturaleza en la que destaca el Parque Nacional de los Picos de Europa o las cumbres de El Cuetu la Cerralosa (1.559 m) o el Cantu la Jorcaura (1.272 m). Tresviso tiene una notable importancia etnográfica ya que su aislamiento geográfico ha hecho posible el mantenimiento de viejas tradiciones pero, además, su agreste paisaje resulta de gran interés para los montañeros y cuenta con una arquitectura popular muy sencilla caracterizada por construcciones austeras que utilizan principalmente elementos como la madera, la piedra y la teja. La actividad económica principal del municipio es la ganadería de montaña, tanto de vacuno como de ovino y caprino, que sirve de base para la fabricación del queso picón de Tresviso, uno de los productos más conocidos que cuenta con denominación de origen desde 1994. Junto a la ganadería, cabe destacar la irrupción del turismo que ha generado mecanismos de detención de la emigración que el municipio sufrió durante décadas.

Vega de Liébana
Ubicado en la comarca de Liébana, en la zona occidental de la región, el municipio de Vega de Liébana limita al oeste con la provincia de León y al sur con Palencia. Camaleño y Potes le coronan por el norte, y Cabezón de Liébana y Pesaguero son sus fronteras al este. El antiguo valle de Cereceda se constituyó ayuntamiento en 1822 y pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. Sus 133,2 km2 de superficie comprenden 17 núcleos de población: Bárago, Barrio, Bores, Campollo, Dobarganes, Dobres, Enterrías, Ledantes, Pollayo, Tollo, Toranzo, Tudes, Vada, Valmeo, Vejo, Villaverde y, por último, La Vega, la capital, que dista 124 km de Santander. En la actualidad, 946 personas viven en este valle, cuya economía presenta un marcado equilibrio entre el sector primario y el terciario, pues, aunque antiguamente el principal factor de ingresos era la ganadería y agricultura, el turismo ha tomado gran importancia en los últimos años. Regado por el Quiviesa y su afluente, el Río Frío, además de numerosos arroyuelos, el valle de Cereceda es de una gran riqueza paisajística, con frondosos bosques y cumbres que en ocasiones superan los dos mil metros de altitud. Por eso, en esta zona es posible ver especies en peligro de extinción, como el oso pardo, el águila real y el urogallo. Pero la naturaleza no es el único patrimonio de Vega de Liébana, ya que este municipio posee bonitas iglesias, algunas de las cuales conservan algún resto románico. Sus construcciones civiles son fundamentalmente rústicas y montañesas, aunque sobresale alguna casona blasonada, como la de los Colmenares, en Valmeo. El pueblo de Dobres y su barrio de Cucayo han sido declarados, por su interés etnográfico, Conjunto Histórico.





Costa Occidental
Alfoz de Lloredo
El municipio de Alfoz de Lloredo, con una población de 2.600 habitantes, está situado en la parte occidental de la costa Cantábrica. Vecino de Comillas y de la histórica villa de Santillana del Mar, tiene una superficie de 46 kilómetros cuadrados. Está flanqueado al oeste por los ayuntamientos de Udías, Ruiloba y Comillas y al este por los de Santillana del Mar y Reocín. Al sur limita con Cabezón de la Sal y Reocín, y al norte ofrece sus costas al mar Cantábrico. Este municipio, que dista 35 km de Santander y 12 de Torrelavega, comprende los pueblos de La Busta, Cóbreces, Cigüenza, Novales, Oreña, Toñanes y Rudagüera, con los barrios de San Pedro, Lloredo y Fresnedo. El relieve de Alfoz permite distinguir la zona costera, con sus acantilados y playas, de la zona interior, marcada por frondosos valles, ofreciendo así un bello paisaje de contrastes. Concretamente, sobresalen de forma especial la playa de Cóbreces, de 400 metros de longitud; los acantilados de Oreña; el valle de Novales y Cigüenza; y la localidad de Fresnedo, desde donde se pueden contemplar hermosas panorámicas. El municipio está enclavado en un área definida por un particular microclima, cualidad esta que le ha permitido implantar cultivos típicamente mediterráneos, como es el caso de los famosos limones de Novales. De su patrimonio artístico cabe destacar la iglesia de Cigüenza, una de las más importantes del barroco cántabro; el retablo de la iglesia de Novales; y el monasterio cisterciense de Viaceli y la iglesia parroquial, conjunto neogótico de Cóbreces, construido a principios del siglo XX.

Comillas
Comillas se incluye dentro de la comarca litoral occidental y está muy cerca de otras villas importantes como San Vicente de la Barquera o Santillana del Mar. Municipio costero por el norte, limita al sur con Udías, al este con Ruiloba y Alfoz de Lloredo, y al oeste con Valdáliga. Desde el año 1822 es un ayuntamiento constitucional independiente. Pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. La denominada 'Villa de los Arzobispos' tiene una extensión de 18,6 km2 y está formada por seis núcleos de población: Comillas, La Rabia, Rioturbio, Rubárcena, Ruiseñada y Trasvía. La capitalidad recae en el pueblo del mismo nombre, que se encuentra a 48 km de Santander. Su población supera los 2.300 habitantes, cifra que se multiplica durante el periodo estival como consecuencia de la ocupación de las numerosas 'segundas viviendas' que se han construido en las últimas décadas y de las abundantes plazas hoteleras disponibles. Todo ello ha decantado hacia el sector terciario la vocación de Comillas, antes más vinculada a la mar a través de la actividad pesquera que se concentraba en torno a su pequeño puerto; al campo, por las tradicionales actividades agropecuarias; o a las minas, a raíz de la explotación en la zona de un yacimiento de calamina. Los grandes monumentos de Comillas se levantaron gracias al mecenazgo del indiano Antonio López y López, al que Alfonso XII otorgó el título de Marqués de Comillas. Son edificios como el palacio de Sobrellano y su capilla panteón, la Universidad Pontificia y 'El Capricho' de Gaudí, que se encuadran dentro del modernismo catalán. Previamente a esta 'Edad de Oro' de Comillas se había configurado un casco antiguo con una interesante arquitectura popular en torno a la iglesia parroquial y a la casa consistorial, un edificio este del siglo XVIII.

Ruiloba
Municipio costero, está situado entre Comillas y Alfoz de Lloredo, a 43 kilómetros al oeste de Santander. Los ocho núcleos que lo conforman -Casasola, Concha, La Iglesia, Liandres, Pando, Ruilobuca, Sierra y Trasierra- abarcan una extensión de 14,7 km2, sobre los que se asienta una población de poco más de 750 habitantes. El nombre de este término, que perteneció al valle de Alfoz de Lloredo y como integrante de éste formó parte de la provincia de los Nueve Valles, deriva de la denominación fluvial 'Río de la Loba', lo que explica que en el centro de su escudo se plasmara la figura de este animal. Las actividades agropecuarias, antes base fundamental de la economía municipal, han perdido peso en favor del sector terciario, que se ha visto favorecido por la proximidad a destinos turísticos de primer orden en la región, como son principalmente Santillana del Mar y Comillas. Esta circunstancia ha conllevado el desarrollo del sector servicios y la implantación de infraestructuras hosteleras. Desde el punto de vista folclórico, goza de reconocida fama la ancestral danza de las lanzas, que se baila en la festividad de Los Remedios (2 de julio), una de las más destacadas del municipio. Precisamente, la ermita en la que se venera a esta imagen, obra del ruilobano Casimiro Pérez de la Riva, constituye uno de los edificios religiosos más relevantes del municipio, como lo es también la iglesia de Nuestra Señora de La Asunción, cuya reforma se llevó a cabo en el siglo XIX, bajo la dirección del citado arquitecto. Otra fiesta señalada es la de 'El Mozuco', que se celebra el 9 de septiembre e incluye una popular peregrinación hasta la ermita de La Caridad, en el vecino término de Udías. En cuanto a la arquitectura civil, son especialmente destacables la torre de Trasierra, en la localidad del mismo nombre, y la casa de los Reyes, en Liandres; así como las alineaciones de viviendas populares y las construcciones levantadas por los indianos.

San Vicente de La Barquera
Municipio de la comarca costera, San Vicente de la Barquera se sitúa en el noroeste de Cantabria, sobre una superficie de 41,5 km2. Sus límites geográficos son el mar Cantábrico al norte; Valdáliga y Herrerías al sur; al este Valdáliga, y al oeste Val de San Vicente. Sus 4.453 habitantes se reparten entre nueve núcleos poblacionales. San Vicente de la Barquera, capital del municipio, es la villa marinera por excelencia, como se manifiesta en todas sus tradiciones, costumbres y hasta en sus fiestas más populares, como La Folía y la procesión del Carmen. Por la gran belleza natural y patrimonial que alberga este enclave, el turismo es su principal fuente de riqueza. La puebla vieja de San Vicente es un conjunto monumental plagado de interesantes edificios que le han merecido la declaración como Bien de Interés Cultural en 1987. En ella destaca el Castillo del Rey, los restos de la muralla con las tres puertas que aún conserva, la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles y varios inmuebles singulares. Relacionado con Antonio del Corro hay también valiosas edificaciones: la capilla funeraria de la familia Corro en la iglesia de Santa María de los Ángeles, la casa de los Corro y el Hospital de la Concepción, mandado construir por el inquisidor en el siglo XVI y hoy sede del ayuntamiento. Buena parte del municipio se integra en el Parque Natural de Oyambre, con 5.800 ha. Su gran riqueza ecológica y paisajística se debe a que engloba cinco unidades diferenciadas: los acantilados, las playas (destacan la de Merón y la de Oyambre por su extensión y sistemas dunares), las rías (ría de San Vicente), las marismas (de Pombo y de Rubín) y los bosquetes caducifolios.

Santillana del Mar
Situado al occidente de la franja litoral, el término municipal de Santillana del Mar limita por el oeste con Alfoz de Lloredo, por el este con Suances y por el sur con Reocín, Cartes y Torrelavega, a cuyo partido judicial pertenece. Cuenta con una población de 3.956 habitantes, que ocupan una superficie de 28,2 km2 y se distribuyen en diez núcleos de población: Arroyo, Camplengo, Herrán, Mijares, Queveda, Santillana, Ubiarco, Vispieres, Viveda y Yuso. La tradicional dedicación agraria del municipio, centrada fundamentalmente en la ganadería vacuna de orientación láctea, ha dado paso al actual predominio de los servicios, apoyado en el desarrollo espectacular que se ha producido en las actividades turísticas. Uno de los atractivos que tiene Santillana del Mar para el turismo es Altamira, cueva declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que cuenta con pinturas paleolíticas de reconocido prestigio internacional. Hoy en día la cavidad original se encuentra cerrada al público. Sin embargo, existe un museo de prehistoria en el que hay una réplica exacta de la misma, realizada utilizando las últimas tecnologías. Además, Santillana es una de las localidades cántabras más visitadas, dada la conservación de un patrimonio arquitectónico y urbanístico medieval donde destaca el conjunto de casonas y torres que simbolizan el poder nobiliario de la época. El desarrollo de la villa, declarada Conjunto Histórico Artístico en 1943, se produjo a partir del edificio que centralizaba el poder religioso, la colegiata de Santa Juliana, joya del románico en España.

Udías
Este municipio se extiende por una superficie de 19,6 km2 en las inmediaciones de la costa occidental de Cantabria, abrazado por los términos de Alfoz de Lloredo y Comillas desde el norte, y por Valdáliga y Cabezón de la Sal desde el sur. Localizado sobre una antigua depresión kárstica, Udías conserva numerosos testimonios de antiguas actividades mineras y custodia los accesos a la cueva de Rescaño, de gran atractivo desde el punto de vista espeleológico. Su paisaje está salpicado por pequeños cerros que se elevan hasta alcanzar los 200 y los 300 metros y flanquean el paso de breves cursos de agua que alimentan los arroyos de la Virgen y Llaín. Situado en el corazón de las Asturias de Santillana, Udías estuvo integrado durante el Antiguo Régimen en el valle del Alfoz de Lloredo, que se extendía entre Santillana del Mar y Valdáliga. En el proceso de señorialización que tuvo lugar a lo largo de la Baja Edad Media, cayó en la órbita de los Mendoza. La defensa de sus derechos frente a esta familia le llevó a entablar un largo pleito junto a los valles de Cabezón, Cabuérniga, Camargo, Cayón, Penagos, Piélagos, Reocín y Villaescusa, que se resolvió en 1581 con la reversión de estos lugares a la Corona. En 1630 constituyeron la Provincia de los Nueve Valles, base de la futura Provincia de Cantabria, en el siglo XVIII, y germen de cuantas entidades administrativas regionales ha habido posteriormente. Ayuntamiento independiente desde 1880, Udías está compuesto por los núcleos de población de Canales, Cobijón, La Hayuela, El Llano, Pumalverde, Rodezas, Toporias, Valoria y La Virgen, con un total de 825 habitantes. Desde el punto de vista natural, cabe destacar el entorno del monte Corona, situado al oeste del municipio e incluido dentro del Parque Natural de Oyambre. Atendiendo al patrimonio artístico, son de resaltar los homogéneos conjuntos de viviendas en hilera que pueden verse en sus localidades, así como algunas de sus iglesias, entre las que sobresale la de Pumalverde.

Val de San Vicente
En el área más occidental de la costa cántabra, donde termina la provincia asturiana, comienza el territorio correspondiente al municipio de Val de San Vicente, siendo la localidad de Unquera -cuyas famosas corbatas de hojaldre se han convertido en el producto gastronómico por excelencia de la zona- la que abre paso ejerciendo como eje de comunicación. La desembocadura del río Deva, a través de la ría de Tina Mayor, constituye la línea divisoria entre ambas regiones. Tanto ésta como la ría de Tina Menor, que forma el Nansa en su salida al mar Cantábrico, son dos de los privilegiados enclaves naturales que conforman la diversidad ecológica de este término de gran belleza paisajística, como se refleja en su escarpado litoral y en sus numerosas calas y playas. En los catorce núcleos de población que lo integran, repartidos en una superficie de 50,9 km2, residen más de 2.600 habitantes, cuya economía se sustenta, en general, de la industria alimentaria, las actividades ganaderas y, cada vez más, de los ingresos que proporciona el turismo, un sector en auge en sus diferentes variantes. En este sentido, se ofertan múltiples actividades turístico deportivas, entre las que cabe resaltar el Descenso Internacional del río Deva en piragua, que se celebra a finales de agosto coincidiendo con la festividad de los Santos Mártires, en Unquera. En cuanto a su patrimonio histórico, destaca la torre medieval de Estrada, ejemplo de organización de un antiguo centro de dominio señorial, que está declarada como Bien de Interés Cultural. Asimismo, sobresalen numerosas hileras de viviendas montañesas y casonas de los siglos XVII al XIX diseminadas por los pueblos de Luey, Molleda, San Pedro de las Baheras, Helgueras, Prío... y también en la capital municipal: Pesués.

Valdáliga
Al norte de la Sierra del Escudo de Cabuérniga -que delimita el término por su franja sur ejerciendo de línea divisoria entre éste y los vecinos Ruente y Cabuérniga- se encuentra Valdáliga, un municipio de 97,8 km2 de extensión, que linda con Cabezón de la Sal, Udías y Comillas por el este; con Rionansa, Herrerías y San Vicente de la Barquera por el oeste; y que asoma al mar Cantábrico por el norte, siendo El Tejo el núcleo de población más próximo a la costa. El resto de pueblos que lo integran -Caviedes, Labarces, Lamadrid, Roiz, San Vicente del Monte y Treceño- se encuentran dispersos por este territorio del sector occidental de la región y se subdividen a su vez en pequeños núcleos, englobando en total a una población cercana a los 2.500 habitantes. Esta cifra es el resultado de un proceso de regresión demográfica, iniciado en la década de los cincuenta, que lejos de frenarse se acentúa año tras año. El origen y raigambre señoriales de Valdáliga, en cuya historia tuvo gran protagonismo en la Edad Media la Casa de Guevara, ha dejado en el municipio numerosos edificios civiles de interés, entre los que cabe reseñar algunos buenos ejemplos de arquitectura barroca montañesa, como la casa-torre de Caviedes, el palacio de La Vega, en Roiz, o el de Losvia, en Lamadrid. Además, son destacables varios conjuntos homogéneos de arquitectura popular. La combinación de mar y montaña que caracteriza a este enclave hace que goce de una gran variedad de recursos naturales, albergando en la franja costera ecosistemas como las marismas y la ría de La Rabia, y los arenales y las dunas de Oyambre -incluidas en el parque natural del mismo nombre-; y en el interior amplias extensiones de praderías y bosques bien conservados, entre los que cabe destacar el extenso cagigal de Monte Corona, en el linde oriental. Otros de los atractivos con que cuenta Valdáliga son la cueva del Soplao, considerada una joya del patrimonio subterráneo, así como la calzada conocida como Cambera de los Moros, de origen romano, y los restos del poblado minero de La Florida.





Saja-Nansa
Cabezón de la Sal
Cabezón de la Sal es un municipio situado en la comarca del Saja, en la mitad occidental de Cantabria, a 45 km de Santander. Limita al norte con Alfoz de Lloredo, al sur con Ruente, al este con Reocín y Mazcuerras, y al oeste con Udías y Valdáliga. Pertenece al partido judicial de Torrelavega. En sus 33,6 km2 de superficie, por algunos de los cuales discurre el río Saja, se distribuyen sus once núcleos de población: Bustablado, Cabezón de la Sal, Cabrojo, Carrejo, Casar,Duña, Ontoria, Periedo, Santibáñez, Vernejo y Virgen de la Peña. La capitalidad la tiene la villa de Cabezón de la Sal. La población con la que cuenta el municipio supera los 7.700 habitantes. La tendencia de su evolución demográfica es progresiva, gracias al predominio de gente joven-adulta y a los positivos saldos migratorios que presenta. Aunque hay cierta presencia de la ganadería en sus tierras, la economía de Cabezón de la Sal se basa fundamentalmente en el sector terciario y secundario. La actividad principal es la industria, sustentada sobre todo en el sector textil, en la fabricación de productos cerámicos y de muebles. El municipio está encajado por la hoz de Santa Lucía, una garganta excavada por el río Saja en la alineación del Escudo de Cabuérniga. Cabezón de la Sal conserva muy bien el sabor popular en su arquitectura. Así, cuenta con numerosas e interesantes casonas blasonadas, como el palacio de la Bodega, en Cabezón de la Sal; el palacio de Gómez de la Torre, en Casar; el de Gayón, en Santibáñez, o la casona-palacio de Ygareda, en Carrejo, hoy Museo de la Naturaleza.

Cabuérniga
El municipio de Cabuérniga se encuentra en la comarca del Saja y pertenece al partido judicial de Torrelavega. Limita al norte con Ruente y al sur con Los Tojos, formando entre los tres municipios el Real Valle de Cabuérniga. Asimismo, se integra en la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, a la que le pertenecen los montes, los derechos de pastos y otros derivados de las ordenanzas. Situado en el centro geográfico del curso medio-alto del río Saja, al que se accede a través de la carretera que une Cabezón de la Sal con Reinosa, tiene una extensión de 86,5 km2 y está formado por ocho pueblos: Carmona, Fresneda, Renedo, Selores, Sopeña, Terán, Valle y Viaña. La capitalidad recae en el pueblo de Valle, que se encuentra a 56 km de Santander. La población con la que cuenta el municipio supera ligeramente los 1.100 habitantes. La ganadería y la agricultura eran la principal base sobre la que se sustentaba su economía, si bien en las últimas décadas el turismo, impulsado por una acreditada gastronomía, se ha alzado como la principal fuente de ingresos. Cabuérniga es uno de los municipios más representativos de las costumbres y tradiciones regionales, ya que conserva mejor que nadie la etnografía y folclore de Cantabria, tal y como plasma el oriundo Manuel Llano en sus obras. En sus pueblos existen conjuntos muy homogéneos de arquitectura popular, así como está presente la arquitectura civil culta, con las típicas casonas con escudos y solanas. En Carmona, declarado conjunto histórico, sus agrupaciones de casas típicas se mantienen intactas con el paso del tiempo. Destaca en este pueblo la casona de los Díez de Cossío, conocida como Palacio de los Mier, que es parador nacional.

Herrerías
El municipio de Herrerías se encuentra dentro de la cuenca del río Nansa y se sitúa en el extremo occidental de la comarca costera. Perteneciente al partido judicial de San Vicente de la Barquera, limita al norte con Val de San Vicente y San Vicente de la Barquera; al sur, con Lamasón y Rionansa; al este, con Valdáliga; y al oeste, con el Principado de Asturias. Tiene una superficie de 40,3 km2, que se reparten en siete núcleos de población: Bielva, Cabanzón, Cades, Camijanes, Casamaría, Puente del Arrudo y Rábago. La capitalidad del municipio recae en la localidad de Bielva, que dista de Santander 70,5 km. En la actualidad, tiene una población de poco más de 700 habitantes y su densidad es de 18,13 hab./km2, con lo que puede considerarse uno de los municipios más despoblados de Cantabria. Se caracteriza, además, por una tendencia regresiva, debido a la baja tasa de natalidad y alta mortalidad, a lo que se añaden unos saldos vegetativos negativos y un perfil demográfico muy envejecido. La economía está basada fundamentalmente en la explotación ganadera, especialmente de vacuno, y en alguna actividad agraria, aunque, como en toda la región, el turismo rural paulatinamente es más relevante. Surcado por el río Nansa y alguno de sus afluentes, en Herrerías abundan los bosques de ribera, así como de encinares, pinos y eucaliptos. El edificio más antiguo que se conserva en el municipio es la torre medieval de Cabanzón, rodeada de una barbacana. El patrimonio religioso data fundamentalmente de los siglos XVI y XVII, con algunos restos de arte gótico. Pero es más sobresaliente su arquitectura civil, ya que en prácticamente todos los pueblos hay interesantes conjuntos de viviendas populares, como la casona de Rubín de Celis, en Cades. Por esta zona también existieron abundantes molinos y ferrerías, entre las que destaca la de Cades, que se ha rehabilitado y puede visitarse.

Lamasón
Con el telón de fondo de los Picos de Europa al oeste y Peña Sagra al sur, el valle de Lamasón es el paso natural de comunicación entre los ríos Deva y Nansa. Ubicado en la comarca Saja-Nansa, limita al norte con el Principado de Asturias y Herrerías, al sur con Cabezón de Liébana, al este con Rionansa y al oeste con Peñarrubia y Cillorigo. Configurado en 1822 como ayuntamiento constitucional, pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. Por sus 71,2 km2 de superficie se reparten los ocho núcleos de población: Burió, Cires, Lafuente, Los Pumares, Quintanilla, Río, Sobrelapeña y Venta Fresnedo. La capitalidad del municipio recae en Sobrelapeña, que se encuentra a una distancia de la capital regional de 85 km. De los algo más de mil habitantes con que Lamasón contaba en 1920 ha pasado a los 360 actuales. Así pues, ha sufrido un fuerte y alarmante retroceso poblacional, ocasionado por la elevada edad media de sus gentes y por la migración que ha experimentado. Se trata de uno de los pocos municipios cántabros cuya economía se asienta principalmente sobre la actividad agropecuaria, aunque algo respaldada por el creciente turismo. Surcado por dos ríos, Lamasón es un territorio eminentemente montañoso, donde, al abrigo de su rica y variada vegetación, se refugian especies como el zorro, lobo, rebeco, corzo... Asimismo, su patrimonio artístico también es destacable, pues cuenta con ejemplares del arte románico como la iglesia de Santa Juliana, en Lafuente, e interesantes casonas con solana y soportal. La calidad de su ganado tudanco se pone de manifiesto en las ferias anuales que celebra, en las que es posible escuchar el sonido de la gaita.

Los Tojos
El municipio de Los Tojos, con una superficie de 90 km2, se sitúa en la parte alta del valle del Saja, río al que presta su nombre uno de los pueblos del término. Limita con Ruente y Cabuérniga por el norte y noroeste; con la Mancomunidad de Campoo-Cabuérniga por el suroeste; con la Hermandad de Campoo de Suso por el sur; y con Bárcena de Pie de Concha y Arenas de Iguña por el este. Los 424 habitantes con que cuenta se distribuyen en cinco núcleos de población: Bárcena Mayor, Correpoco, Saja, El Tojo y Los Tojos. El pueblo de Bárcena Mayor, declarado conjunto histórico-artístico en 1979, destaca por conservar una arquitectura rural homogénea y en muy buen estado de conservación, que presenta una cierta ordenación de calles y plazas poco frecuente en los núcleos rurales de la región. Está constituido por edificaciones en hilera y, aunque la mayoría son viviendas con solana, entre ellas se puede observar la evolución de la casa campesina cántabra. En 1998 se creó el Parque Natural Saja-Besaya, ocupando 24.500 ha, con el objetivo de preservar los valores ecológicos y naturales de las cuencas medias y altas de estos dos ríos. La mayoría del territorio del municipio de Los Tojos forma parte de él, siendo Bárcena Mayor el único núcleo poblacional incluido dentro de sus límites. La gran riqueza faunística del término ha supuesto que este enclave pertenezca también a la Reserva Nacional de Caza de Saja y, en parte, a la Zona de Especial Protección de Aves de las sierras del Cordel y cabeceras del Saja y Nansa. A pesar de la marcada tradición ganadera de la zona, hoy en día la mayor fuente de riqueza del municipio es el turismo, atraído, además de por los valores naturales, culturales y patrimoniales, por una gastronomía que basa sus platos en recetas de caza.

Mazcuerras
El cauce del Saja penetra desde Ruente por la Hoz de Santa Lucía y divide el valle de Cabezón, quedando en el margen oriental Mazcuerras. Este municipio se extiende por 55,6 km2. hasta alcanzar Cartes y Los Corrales de Buelna, situados sobre el curso del Besaya. Las llanuras dominan la parte norte y oeste, singularizadas en la vega del río por la presencia de terrazas que señalan los niveles alcanzados por el curso durante las glaciaciones. En la franja central, el terreno se vuelve más abrupto y se elevan los cerros de El Cueto (544 m), Ladreo (579 m) e Ibio (798 m), prolongaciones de la Sierra del Escudo de Cabuérniga, que separa la marina de las comarcas interiores de la comunidad autónoma. Vinculado históricamente a Cabezón de la Sal, Mazcuerras se compone en la actualidad de siete núcleos de población: Cos, Herrera de Ibio, Ibio, Mazcuerras, Riaño de Ibio, Sierra de Ibio y Villanueva de la Peña, alineados en las zonas más llanas. En estas localidades se puede ver un interesante muestrario de casonas populares montañesas, así como diversas e imponentes residencias señoriales construidas a lo largo de la Edad Moderna, tales como la torre de Hoyos o la casa de Juan Gómez de la Torre. Del patrimonio religioso destaca la ermita de la Virgen de la Peña, emplazada en un lugar privilegiado, bajo un muro de roca a orillas del Saja. Mazcuerras es escenario de una de las obras más célebres de la escritora cántabra Concha Espina: La niña de Luzmela, publicada en el año 1909. La prolífica novelista, nacida en Santander, pasó largas temporadas de su vida en estos parajes y la casa en la que residió se alza todavía en pie. En la actualidad, en este municipio, que ha atraído a otros e importantes novelistas contemporáneos, la literatura es entendida como un fenómeno vivo y su biblioteca ha sido distinguida por sus esfuerzos en la generalización de los hábitos de lectura entre los vecinos.

Peñarrubia
En las puertas de la comarca de Liébana, en el extremo oriental de Cantabria, se encuentra Peñarrubia, que se extiende por una agreste superficie de 54,3 km2, en las estribaciones de la cordillera de los Picos de Europa. Lo abraza desde el norte el municipio asturiano de Peñamellera Baja; al este limita con Lamasón y al sureste con los lebaniegos Cillorigo y Tresviso. Lo pueblan 356 vecinos repartidos por siete núcleos de población: Caldas, Cicera, La Hermida, Navedo, Piñeres, Roza y Linares, la capital. Vinculado históricamente a la Merindad de las Asturias de Santillana, los dos concejos que administraban el valle de Peñarrubia en la Edad Moderna lograron mantener la zona dentro de la jurisdicción de realengo, a pesar del peso que llegaron a tener los señores de La Hermida. Testimonio de esta importante familia son las tres torres que todavía se alzan en la localidad de Linares: la del Pontón, la de Berdeja y la de Piedrahíta, estas dos últimas en ruinas. También pertenece al sistema defensivo de la zona otro de los elementos de interés del patrimonio civil del municipio: las ruinas de la fortaleza de Bolera de los Moros, levantada a finales del siglo VIII, en los albores del Reino de Asturias, sobre el monte de Santa Catalina, a 600 m de altura. El elemento que singulariza este municipio es el desfiladero de La Hermida, un sobrecogedor corredor abierto entre muros de caliza que llegan a elevarse hasta los mil metros de altura y por momentos tiene una anchura de tan sólo cien metros. Recorre esta garganta, catalogada Zona de Especial Protección de Aves, el caudaloso río Deva, considerado Lugar de Importancia Comunitaria y abundante en salmones y truchas. Hace más de cien años se construyó en este desfiladero una carretera que, todavía, se sirve del mismo trazado e infraestructuras; convertida en la N-621, constituye la principal vía de entrada a Liébana.

Polaciones
El municipio de Polaciones, dentro de la comarca Tudanca-Cabuérniga, es, por su especial situación geográfica, uno de los más singulares y rurales de Cantabria. Situado en la parte suroccidental de la región, limita al norte con Rionansa, al sur con Palencia y Hermandad de Campoo de Suso, al este con Tudanca y Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, y al oeste con Cabezón de Liébana y Pesaguero. Pertenece al partido judicial de San Vicente de la Barquera. A lo largo y ancho de sus 90 km2 de superficie se localizan los doce núcleos de población con que cuenta el municipio: Belmonte, Callecedo, Cotillos, La Laguna, Lombraña, Pejanda, Puente Pumar, Salceda, San Mamés, Santa Eulalia, Tresabuela y Uznayo. La capitalidad recae en Lombraña, que se sitúa a 104 km de Santander. Polaciones cuenta con 267 habitantes, lo cual significa que es de los municipios menos poblados de Cantabria, con una dinámica demográfica altamente regresiva y una edad media muy elevada. A pesar de que se le sigue asociando a la actividad ganadera y agrícola, lo cierto es que este sector ha caído en los últimos años y es el terciario, motivado por el incipiente auge del turismo, el que se ha alzado como principal fuente de riqueza del valle. Regada por las aguas del Nansa, la comarca conserva una naturaleza espectacular, enmarcada por las sierras de Peña Labra, Peña Sagra y El Cordel, cuyas cumbres superan los dos mil metros. El monumento más sobresaliente de Polaciones son los menhires de Sejos, cerca de Uznayo, que proporcionan además los vestigios más antiguos del término. Destaca, asimismo, la iglesia románica de Lombraña y construcciones civiles como la casa del Padre Rábago, en Tresabuela, y las de los Coroneles, en Puente Pumar. En esta localidad se ubica la sede del Ecomuseo Saja-Nansa.

Reocín
El municipio de Reocín, referente en la historia de Cantabria, está situado en la costa occidental y abarca un territorio de 32,1 km2 , por el que discurre de oeste a este el río Saja. Se ubica en el área de influencia de Torrelavega, ciudad con la que limita por su franja este. Además, linda al norte con Santillana del Mar; al sur, con Mazcuerras y Cartes; y al oeste, con Cabezón de la Sal y Alfoz de Lloredo. De los doce núcleos poblacionales que lo conforman, la capitalidad recae sobre Puente San Miguel, histórica localidad que fuera cabeza de la provincia de los Nueve Valles de las Asturias de Santillana y donde se estableció la Casa de Juntas en la que se constituyó la provincia de Cantabria el 28 de julio de 1778. Esta fecha se conmemora cada año en el Día de las Instituciones, la fiesta más sobresaliente de las celebradas en Reocín. La gran riqueza mineral de su subsuelo convirtió a este municipio en uno de los principales yacimientos de zinc del país, concentrándose en él la actividad de la empresa AZSA, que clausuró la explotación en 2003, dejando atrás más de un siglo de historia y poniendo fin así a la minería a gran escala en Cantabria. Precisamente, la industria, junto al comercio, son las claves económicas del término, que se ha visto favorecido por su cercanía a Torrelavega y por las buenas comunicaciones con las que cuenta: la carretera N-634 Bilbao-Oviedo y la línea de cercanías de FEVE. Estas mismas razones son las que han condicionado su crecimiento demográfico, registrándose una tendencia sostenida al alza hasta superar en la actualidad los 7.000 habitantes. En cuanto al patrimonio religioso, llaman la atención los restos románicos de la iglesia de Valles y la iglesia del siglo XVII de Barcenaciones. En el ámbito civil destacan la torre y palacio de Bustamante, en Quijas, y las numerosas casonas solariegas de los siglos XVII y XVIII. Otra de las grandes peculiaridades de Reocín es la finca de Puente San Miguel, propiedad de la familia Botín-Sanz de Sautuola, que está declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Jardín Histórico.

Rionansa
En la comarca Saja-Nansa, recorrido por el río que lleva su nombre, se localiza el municipio de Rionansa, cuyos escasos 1.300 pobladores habitan un amplio territorio, de casi 120 km2, que está incluido en la Reserva Nacional de Saja. Pese a sus 120 m de altitud en la zona septentrional, llega a alcanzar una cota máxima de 2.046 metros en el Cornón, pico más alto de la Sierra de Peña Sagra. El núcleo de Puentenansa, a 73 km de Santander y 200 m sobre el nivel del mar, ostenta la capitalidad municipal. Ubicado en el centro del término, confluyen en él las vías que atraviesan el valle, desde Polaciones, en la parte alta, hasta Val de San Vicente y su costa, con las que comunican los vecinos valles del Saja, al este, y Liébana, al oeste. La ocupación humana en la zona arranca del periodo prehistórico, como está documentado en algunos de los más importantes yacimientos paleolíticos de Cantabria. Destaca la cueva de Chufín, donde se han documentado algunas muestras de arte rupestre en forma de pinturas y grabados que representan caballos, cérvidos y bóvidos, además de otros animales y figuras abstractas. En otras cavidades, como las de Micolón y Porquerizo, se han encontrado, además de representaciones artísticas similares, restos líticos y óseos del Paleolítico. Uno de los mayores reclamos turísticos de la región, sin embargo, lo constituye el santuario de San Sebastián de Garabandal, construido en el lugar donde la Virgen se apareció a cuatro niñas a principios de los años sesenta para darles unos mensajes. La intensa difusión del suceso que se produjo en aquella época ha supuesto que aún hoy lleguen multitud de peregrinos y devotos al lugar, y no sólo de zonas cercanas, sino de países de todo el mundo.

Ruente
Situado en la comarca Cabuérniga y regado por las aguas del río Saja, el municipio de Ruente limita al norte con Valdáliga, Cabezón de la Sal y Mazcuerras; al sur, con Cabuérniga y Los Tojos; al este, con Cieza y Arenas de Iguña; y al oeste, también con Cabuérniga. Con una superficie total de 65,9 km2, pertenece al partido judicial de Torrelavega. Los 977 habitantes del municipio se reparten entre cuatro núcleos de población: Barcenillas, Lamiña, Ucieda y Ruente. Este último tiene la capitalidad y dista 52 km de Santander. El término presenta una dinámica demográfica prácticamente estancada y un perfil más envejecido que la media de la región. Su economía ha evolucionado desde la primacía de la actividad agropecuaria hasta tener un marcado equilibrio entre el sector secundario y terciario. Ello está motivado por su cercanía a núcleos industriales como Cabezón de la Sal, Los Corrales de Buelna y Torrelavega, así como el fomento del turismo gracias a una tradicional gastronomía, que destaca por el afamado cocido montañés y sus carnes de caza. En pleno corazón del Parque Natural Saja-Besaya, Ruente tiene en su término alguno de los mejores robledales y hayedos de la región, regados por las aguas del Saja y dos de sus afluentes. Entre esta vegetación se cobija una variada fauna, como ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, lobos, diversas rapaces... Por algo acuden visitantes hasta sus montes para ver y escuchar en otoño la berrea del ciervo, ya que cuenta además con zonas de acampada. Si la naturaleza es muy destacada, el patrimonio artístico no desmerece. El vestigio más antiguo del municipio es el monasterio de San F